Caracas

Fotografía: ODOARDO RODRÍGUEZ

sábado, 17 de enero de 2009

Miami



Mientras transitaba por una de las múltliples autopistas que cruzan Miami recordaba la lapidaria frase del arq. catalàn Oriol Bohigas la ùltima vez que estuvo en Caracas: "esta autopista hay que dinamitarla". Poca cosa. Porque a estas alturas nuestras autopistas -construidas entre los años `50 y `70- estàn desvencijadas. Allà Bohigas se darìa banquete, dinamitando, digo; aunque despuès de ese esfuerzo no llegarìa a ninguna parte porque Miami toda es un gran entramado de largas y anchas avenidas con generosas autopistas que apenas dejan espacio al peatòn. El caso es que rodando por esa ciudad pensaba, que cada vez que me asomo por allì siempre hay una calle, un puente o un distribuidor en construcciòn. La fàbrica de vialidades no para en aquel paìs donde millones de carros salen rodando de las empresas automotrices, esas mismas que hoy, han puesto en riesgo una de las economìas màs sòlidas de nuestro atribulado planeta. Aùn con varias visitas no termino de entender esta ciudad vial. Miami es la 4a. ciudad màs poblada de los Estados Unidos (detràs de N.Y., Los Àngeles y Chicago). Paraiso alcanzable de cientos de cubanos que arriesgan su vida y llegan en balsa; primera estaciòn de muchos latinoamericanos que huyen de economìas inestables y, de nosotros los venezolanos, mejor conocidos por aquellos lares como los balseros del aire por aquello de que llegamos huyendo pero en aviòn. En fin, aquì va una crònica màs fotògràfica que lìrica sobre esta Babel de un solo idioma y mil acentos. Un crisol donde se mezclan: esperanzas de una vida mejor; sueños de igualdad; 24 horas de compras a precios de eternas rebajas; rascacielos frente al mar; cruceros; puerto seguro de todo tipo de mercaderìa e invierno con sol y playa.
La zona que màs me gusta es South Beach. Cèlebre por sus hoteles estilo Art Deco y sus restaurantes de todo tipo con ventanales, sofàs y mesas al borde de la calle para ver y dejarse ver. Sus edificios a pequeña escala mantienen ese aire esplendoroso entre moderno y futurista de esquinas redondeadas, cornisas para resaltar la volumetrìa, luces de neòn y colores apastelados que le dan un aire fresco ideal para el turista desenfadado. A ratos, me parece que detràs de tanta perfecciòn hay mucha escenografìa y en eso, los gringos son especialistas. Pero hay que dejarse llevar por la suave brisa marina, muy fresca durante el invierno; el azul del cielo y las palmeras que parecen alcanzar los ùltimos pisos de los pequeños edificios.Ademàs de caminar para recorrer esta zona puedes hacer turismo sobre 2 ruedas no sòlo en bicicleta. El ùltimo invento se llama BIKE AND ROLL y consiste en una patineta de dos ruedas gruesas, un pequeño motor y hasta un bolso para guardar la càmara y el dinerito. ¡El uso del casco es obligatorio en un paìs donde llueven las demandas! Fotografìa: Segundo Espinosa

La playa està sembrada de grandes hoteles y condominios con vista al mar y amplias piscinas. Aquì la arquitectura gana altura y pierde sabor local para parecerse màs a eso que llamamos "estilo internacional" y que tiene un poco de todo, pero el color se mantiene presente. Los lìmites entre lo pùblico y lo privado se desdibujan: donde termina la verde grama de los espacios privados de los lujosos edificios empieza la arena blanca que es de todos.

A mì, acostumbrada al càlido Caribe, me parece muy gracioso caminar por la playa sintiendo la arena frìa en los pies, ¡ni hablar del agua! Pero para la mayorìa de los europeos, canadienses y americanos norteños que viene huyendo del frìo 18º son la gloria, asì que esto no les impide tenderse bajo ese sol que por estas fechas no calienta el cuerpo pero mima el espìritu.

El otro plan es ir a caminar a Lincoln Road. Un boulevard glamoroso -aquì sì peatones y mascotas son los dueños absolutos del espacio- salpicado de tiendas de marcas reconocidas, cafecitos y terrazas donde comer y beber bien, conversar, e incluso visitar algunas de las galerìas de arte contemporaneo que abundan en Miami.

Esta fotografìa la tomè desde el interior del ART CENTER SOUTH MIAMI suerte de compendio de talleres de diferentes artistas que desarrollan su creatividad a la vista de todos. Tècnicas, bocetos y obras estàn expuestos a todos los visitantes y desde sus amplios ventanales, se disfruta el constante ir y venir de las personas en el boulevard.

Una de sus vitrinas estaba invadida de todo tipo de personajes casi salidos de un comic que me hicieron recordar a Carlos Zerpa y sus colecciones de objetos diversos.

El plan "imperdible" de Miami -especialmente para los venezolanos y nuestras tarjetas CADIVI- son las compras. Para ilustrar a los que me leen en paìses donde las divisas circulan libremente, aquì en Venezuela desde hace màs de cuatro años tenemos un control de cambio; esto es, que sòlo el Estado decide, da permiso pues, de cuànto dinero podemos gastar fuera de nuestras fronteras. Como lo ùnico barato que tenemos aquì son la gasolina y estas divisas permitidas, cualquier cosa comprada fuera nos resulta irresistible. Ademàs, como desde hace años somos asiduos visitantes de esta ciudad ubicada al sur del norte aceptan nuestras tarjetas tuteladas.Las zonas màs elegantes siguen siendo Coconot Grove y Coral Gables, plenas de verdaderas mansiones con jardines magnìficos y un cierto aire entre "colonial" y "mediterraneo" no sè, la mayorìa de ellas se me antoja muy ostentosa.La inefable calle 8, emblema de la colonia cubana sigue allì, firme, plantada en edificaciones de escasos 1 o 2 pisos que ofrecen bares y restaurantes a propios y extraños. Aunque eso poco a poco està cambiando. Como me apuntò Segundo, mi cicerone ex-compañero de la universidad, Miami sòlo puede crecer hacia arriba porque sus lìmites terrestres ya fueron alcanzados, de modo que donde habìa dos o tres casas se estàn construyendo condominios que aumentan la densidad de esta zona que ha ido encarecièndose con el tiempo y que no escaparà al crecimiento de esta ciudad indetenible. Asì que el perfil de Miami va en ascenso y se ubica sòlo por debajo de los de Chicago y N.Y. Los màstiles de miles de embarcaciones compiten con torres esbeltas, transparentes, por donde entra sin obstàculos la brisa marina. Algunos, incluso parecen barcos anclados en este puerto. Como es sabido Miami es tambièn tierra de "ricos y famosos". Al borde del mar se confunden los jardines de Gloria Estefan con los de Ricky Martin. Los yates de Enrique Iglesias con los de Jacky Chan.

Pero las expresiones arquitectònicas son absolutamente desacertadas. Durante un recorrido por estas islas no encontrè ni una sola mansiòn que respondiera con su volumetrìa, materiales, y mucho menos cerramientos al clima benèvolo que aquì se disfruta. Sòlo la presencia de las palmeras da cuenta del sitio en el que nos encontramos.
La mayorìa de las casas son expresiones arquitectònicas que buscan màs el efecto ¡OH, què casa! que el disfrute del mar y el sol a orillas del mar. Ejemplos como este, suerte de "partenòn tropical" -con el perdòn de los antiguos griegos- sobran. Enormes columnatas y ventanales cerrados que bajo el efecto del sol requieren de monstruosos equipos de aire acondicionado y cuyos dueños se ufanan tanto de su eficiencia, que algunos alaban incluso su capacidad de "refrescar" el exterior...
Por fortuna tambièn hay buenos ejemplos de edificios con creativas propuestas de color y una definitiva vocaciòn de aprovechamiento de las amplias visuales que ofrece esta ciudad plural.

Cierro con dos imàgenes que ilustran lo que en mi opiniòn merece un sonoro aplauso en Miami: su Metro. Imposibilitado de recorrer el subsuelo por el alto nivel freàtico de toda la zona urbana, este importante medio de transporte masivo serpentea la ciudad por lo alto. Sus vagones pequeños, còmodos y transparentes sobrevuelan calles y avenidas, rozan edificios, traspasan pòrticos, como si de un tren de diversiones se tratara. Con clarìsima vocaciòn de mirador urbano, panoràmico y mòvil recorre la ciudad toda orgulloso de ser visto. ¿Quièn dijo miedo? La tecnologìa todo lo puede. O casi todo.


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