domingo, 27 de octubre de 2013

#NoMásNiñosEnMoto

Apenas los veo aparecer en mi retrovisor tomo la cámara, pero van tan rápido que no puedo fotografiarlos. Tampoco se paran en los semáforos. A veces son tres -papá, mamá y un niño-. A veces cuatro. A la cuenta anterior agrégale otro niño. Cuando el niño va adelante puedo ver su sonrisa de oreja a oreja. La felicidad de ir a la vanguardia de la moto, como si estuvieran manejándola, no les deja pensar en el peligro que corren. Aunque para los niños la palabra peligro no viene sobre dos ruedas y un motor. Menos aún si quien la maneja es su papá. Pobres.

Esta escena ya es recurrente en todas las calles y avenidas de Caracas; especialmente, en las horas próximas a la entrada y salida del colegio. Y cuando digo colegio también digo guardería. O sea, no solo estamos hablando de niños en edad escolar, también de bebés de pecho y pañales a bordo de motocicletas conducidas por quienes tienen la responsabilidad de velar por la  seguridad de sus hijos.

También a eso nos hemos acostumbrado. A que la moto sea transporte  escolar. 

En un país donde la gasolina es regalada (el litro cuesta $ 0,002);el transporte público es insuficiente, impuntual, está mal mantenido, tiene poca cobertura, etc. En una ciudad donde las aceras dan vergüenza y el Metro está saturado tener un carro es también un símbolo de status. Pero si la plata no alcanza para un carro buenas son las motos y se han multiplicado por miles en los últimos años. Para importar motos sí hay dólares, también créditos blandos.

Sin embargo, más allá de estos problemas que nos roban horas de vida en interminables horas de tráfico ¿dónde ha ido a parar el natural sentido de protección hacia los hijos? ¿Qué malvada distorsión hace que un padre y una madre arriesguen así la vida de sus hijos? ¿Dónde están las autoridades que dicen velar por la protección de niños y adolescentes? 

No tengo respuesta para ninguna de estas preguntas y recuerdo, con nostalgia, la vieja conseja de: "el mejor colegio es el que queda más cerca de la casa". 

Pregunto: ¿Aún existen los transportes escolares?

domingo, 20 de octubre de 2013

Biblioteca Simón Rodríguez

La próxima vez que vayas al centro de Caracas, date tiempo para visitar la Biblioteca Simón Rodríguez. Un edificio que representa lo mejor del Art Decó local y destaca por el cuidado en el diseño y la excelente factura de sus detalles. 
Apenas te ubiques en el espacio central -alrededor del cual se distribuyen las salas de lectura y de exposición- sentirás la luz que se derrama desde su techo-vitral con motivos florales y tonos sepia. 

El esmero en la selección de  mármoles viste pisos y paredes. Son hermosísimos los trabajos de herrería, bajo relieves y carpintería donde se repiten motivos geométricos que evocan instrumentos de medición y libros, en alusión al uso original de este edificio, que fue inaugurado en 1938, como sede del Ministerio de Educación. 

Aunque sus fachadas no ofrecen grandes ventanales el ingeniero Guillermo Salas lo dotó de iluminación natural a través del techo de vidrio; un gran vitral que ilumina las escaleras y un pequeño patio interno ubicado hacia el norte. Estos vitrales fueron magistralemente diseñados y ejecutados por el artesano Eduardo Borges Salas.

Me cautivaron especialmente la fuente de mármol -rodeada de jardineras en el patio interior- y una mínima ventana circular, que a modo de ojo, dirige la vista hacia el reloj de La Catedral de Caracas. Un detalle que me hizo notar uno de los trabajadores de la biblioteca.


A media  mañana varios caraqueños disfrutaban de la lectura en sus salas bañadas de luz.

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