martes, 11 de agosto de 2015

Sin sombra no hay luz

FOTOGRAFÍA: LIBRO LIBRE, TOMADA DE FACEBOOK

La foto de un árbol -otro- convertido en astillas y publicada en Facebook por Libro libre,  un cuenta que sigo y admiro, detonó una aireada protesta de mi parte que se hizo eco y estalló en insultos del coro feisbukeano. El blanco, o más bien el Blac fue ese reducto de paz, excelentes dulces y mejor atención al final de la calle Madrid de Las Mercedes: Madame Blac.

Estamos mal. Qué novedad. Pero lo resalto porque vivimos una abundancia de carencias   -vaya paradoja- y abusos de todo tipo. Y en relación a nuestra exuberante flora y a esas grandes especies de árboles sembrados en aceras doblegadas por sus raíces y calles sedientas de puestos de estacionamiento, hemos visto caer, recientemente, varios árboles centenarios, en Los Palos Grandes y La Castellana. Por eso algunos profesionales, como Melín Nava, han hecho las denuncias correspondientes ante las autoridades del municipio Chacao. 

Pero aquí estamos hablando de Las Mercedes y de cómo los carros han invadido unas aceras ensanchadas hace pocos años -supuestamente- para beneficio del peatón... y cada vez son menos aceras y más calle... considerando que todos estacionan allí sin contemplación alguna por los caminantes. Y la zona prevista para estacionamiento, paralela al río Guaire, muy pocos la usan... En fin.

A las pocas horas de la protesta on line surgieron varias voces profesionales -Hannia Gómez, caraqueña conservadora y Carolina Figueredo, custodia de Villa Planchart, uno de nuestros tesoros modernos, acotando que sí, era lamentable la pérdida vegetal pero el árbol amado estaba irremediablemente enfermo.

FOTOGRAFÍA: RAKEL GONZÁLEZ

Una de las cosas que reclamábamos los indignados por la pérdida de ese árbol centenario, suerte de paraguas de la terracita de acceso a Madame Blac, era el silencio de la alcaldía de Baruta. Entonces Rakel González, funcionaria de la alcaldía baruteña, nos envió dos fotos que constatan la enfermedad terminal del árbol la cual llevó a la decisión de derribarlo para evitar su colapso y consecuente daño sobre personas y bienes.

Acoto además, la delicada explicación que me ofreciera Pedro Emilio Coll, propietario de Madame Blac donde ratificaba que, a pesar de sus esfuerzos por salvar ese paraguas gigantesco que se había quedado para siempre sin hojas, hubo que sacrificarlo, según la recomendación de varios expertos consultados. Ellos mismos están consternados por el desafortunado desenlace.
FOTOGRAFÍA: RAKEL GONZÁLEZ

Dejo esta crónica como testimonio de lo ocurrido y mi aprendizaje: hicimos leña del árbol caído -literalmente-. Huérfanos de información, como estamos los ciudadanos y amantes de nuestra flora y fauna, hubiéramos agradecido la noticia oportuna de esta situación. Así no sumaríamos la rabia a la tristeza de ver perdida otra copa, aunque ya no diera sombra.

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