domingo, 12 de julio de 2015

VICTORIA SABROSA


La avenida Victoria y Vanessa Rolfini comparten tres cosas: la inicial de sus nombres, el gusto por la comida y la vida vecinal. Puedo seguir con las coincidencias: V de Venezuela; territorio abierto a inmigrantes que sembraron el gusto por sus sabores dejando saberes. 

A disfrutar esto fuimos 19 caraqueños ávidos de recorrer un sector lleno de historias y personajes amorosamente ligados a la gastronomía. Aquí va mi crónica escrita con el olor y el sabor de la matinal jornada en la Av. Victoria. 

Nos enconcontramos en la Plaza Los Símbolos. Ícono patrio que rinde homenaje a la bandera, el escudo y el himno nacional. De allí, partió una caminata que se extendió hasta pasado el medio día y nos dejó con ganas de seguir descubriendo los rincones de esta avenida ancha, de edificios bajos y alta calidad arquitectónica. La Av.Victoria está plena de obras construidas por italianos, que vinieron allende los mares, atraidos por las oportunidades que ofrecía nuestra tierra de gracia a esos seres golpeados por la gran guerra. Aquí encontramos patrones repetidos en otras zonas de Caracas: pavimentos de granito y mármol policromado; cornisas orgullosas, pérgolas, portales y un gran cuidado en los detalles de herrería. Han pasado más de 60 años desde entonces y el tiempo y la desidia han hecho estragos en las fachadas , a pesar de que la Av. Presidente Medina -su nombre "oficial"- tiene una declaratoria como Bien de Interés Cultural de Venezuela, poco o nada se ha hecho por rescatarla.

Recientemente la alcaldía de LIbertador, bajo el programa Barrio nuevo, barrio tricolor, ha emprendido unos trabajos de maquillaje. No puedo llamar de otra manera al hecho de pintar los edificios sin saber cuál es el criterio y olvidando por completo la noción de conjunto que implica la recuperación de aceras y el alumbrado público. En fin.

Pero vamos a lo que vinimos: a contarles de los placeres gastronómicos que conocimos gracias a Vanessa Rolfini y a sus vecinos hospitalarios y generosos. La Ruta golosa, así la llama su creadora, se repite cada 2° sábado del mes. Así que pendientes porque es muy recomendable, grata y ¡pruebas delicias!

El desayuno nos soprendió en el 4° piso de la Clínica Las Acacias; donde fue a dar el hijo mayor de la famosa panadería Guayana, una vez que ésta le cerró sus puertas: arepitas rellenas de perico, carne mechada, jamón y queso -junto al primer café de la mañana- nos cargó las pilas para continuar. No los probamos pero cuantan que sus dulces son de antología. Recomendación: para desayunar rico no hace falta hacerse ningún examen médico.


En la esquina de la Av. Victoria con la calle Guayana se encuentra el edificio Ars nova -joya de la modernidad caraqueña- y abajo está Omaira con su sonrisa y la mejor tizana de la zona. 
Muy cerca se ubica una familia italiana -cuya tercera generación nos saluda desde su cochecito- que vende antipastos caseros de berenjena y calabacín, junto a otras delicias venidas, no del Mediterráneo, sino de la Colonia Tovar. Los vecinos guardan los frascos donde la nonna envasará sus delicias. Este gesto muestra el sentido de colaboración y arraigo de los habitantes de la zona.

Lo de la panadería Roma fue como una de esas bacanales que hacían los antepasados del pastelero Geraldino: bandejas de pizza, pan de leche, torrejas, profiteroles, mil hojas y demás maravillas rellenas de crema pastelera, fueron a dar a nuestra mesa y de allí in bocca. Entonces dimos por ciertas las palabras iniciáticas de Vanessa: ¡comeremos mucho! 
Al frente de la panadería Roma se encuentra un local con pinta de taller de electrodomésticos, pero es un rinconcito donde preparan unas exquisitas empanadas chilenas. El gentío a las puertas presagia lo ricas que son.

La próxima parada estuvo llena de granos, frutos secos, dulcería a granel y enlatados en el Rincón del grano. De allí salimos con un cotillón de maní y pasitas.

A la hora del café nos acercamos a Billares Nico. Ya no funciona el billar. Los jugadores fueron poco a poco vencidos por el paso de los años y, lamentablemente, no dejaron relevo. Así que Nico está remodelando el local donde prepara el mejor café con sus manos expertas y una Gaia rodeada de fotos y muchos recuerdos aromáticos.
Luego nos esperaba Richard con el mejor queso Palmizulia que he probado en años acompañando unas tiernas hallaquitas de hoja. No puede ser de otra manera porque cuenta Vanessa que Richard es muy celoso en la selección de los productos que ofrece en D'Richard; la esquina de los fiambres. Así que resolvimos la compra de la semana.


Con el sol en el cenit y la promesa de una deliciosas quisquillas tornamos en dirección este hacia la pescadería de Franco Giambanco, quien, junto a su hijo Vito ofrecen delicias de mar y río. Gracias a la sociedad que concretaron recientemente con un peruano, en sus neveras se mezclan los sabores del Caribe y del Pacífico con los ancestros Mediterráneos. Saltaron quisquillas tempurizadas y ceviche, justo lo que necesitábamos para acompañar una cerveza helada en el Bar Sol puesto. Donde Vanessa se pone con frecuencia un par de cervecitas acompañadas de salsa brava. Hasta aquí llegamos. Barriga llena, corazón contento y alma repleta de ciudad y grata compañía.

Para anotarte busca a Vanessa Rolfini en las redes: @vrolfini y vive una experencia de gastronomía divertida y gratificante.

sábado, 4 de julio de 2015

CIUDAD UNIVERSITARIA DE CARACAS

La Ciudad Universitaria de Caracas, obra magna de la arquitectura moderna en Venezuela, siempre tiene algo que enseñarnos. Hoy hice un nuevo recorrido, cámara en mano y en compañía de varios caraqueños ávidos de saborear lo hermoso de nuestra ciudad. El guia fue Rodrigo; un joven entusiasta que forma parte del grupo de Urbanimia

Aquí dejo algunas fotos y comentarios sobre este día hermoso en mi UCV.

Toda la luz del trópico entra a la Biblioteca Central mitigada por la cubierta del corredor.












A la derecha el pasillo cubierto se funde en el verde.
 Los pasillos cubiertos son una lección del Maestro Carlos Raul Villanueva y su  forma de adaptarse al trópico. Sol y sombra entre el verde.

 Mateo Manaure es el artista venezolano con mayor número de obras en la Ciudad Universitaria de Caracas. Aquí una muestra representativa de su propuesta geométrica.

A la izquierda el libro y la lira en esta escultura de Francisco Narváez.










Hasta la "espalda" del mural de Fernad leger, emblema de la Biblioteca Central, es hermosa.

El Mastro Francisco Narváez, quien ya había trabajado junto a Villanueva en El Silencio, nos dejó varias obras en la CUC. Aquí vemos una en la terraza de la Facultad de Medicina.




Víctor Vasarely (a la derecha)
pinta con la luz reglándonos una obra distinta a lo largo del día.









Mateo Manaure (a la izquierda) viste con un mural la fachada de la Sala de Conciertos.

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