
Mi mamá siempre nos decía que Juanito era “lengua de trapo”. Apenas estrenábamos los ´70 cuando él regresaba del colegio corriendo, sudando a chorros y con el silabario bajo el brazo, porque el “bulto” se le había quedado debajo del pupitre. En aquella época el morral era una cosa que sólo usaban los que se iban de excursión.
Murmulencio, que quiere decir: murmullo que se oye en el silencio.
Lunor, luz de la luna.
Japisteza, cuando se siente tristeza y alegría a la vez.
Hace poco, cuando los mayores fueron consultados vía Internet sobre la palabra más bella de nuestro idioma, dieron como ganadora a “amor” en un arranque –creo– más de fondo que de forma ¡y buena falta que nos hace!
– ¿Qué estás haciendo hijo?
– Estoy pensando.
– Ah… ¿Y qué es pensar?
– Es cuando la cabeza te habla sola.
Es enternecedor este articulo a pesar del triste motivo por el que lo reflotaste. Si, deberiamos prestar mas atencion a nuestros locos bajitos que con tanta naturalidad te explican algo para lo que seguramente, dariamos mil vueltas.
ResponderEliminarGracias por dedicarnos tu tiempo!
Mil cariños, Ana
Bueno, excelente, simplemente excelente.
ResponderEliminarDesde pequeño, siempre me ha molestado mucho el que en los días en que yo iba a la escuela, me obligaran a hacer o pensar como otros querían. Recuerdo claramente como, quizás en primer o segundo grado, me pidieron que pintara una flor. Yo pinté una flor, básicamente una margarita, y la maestra me regañó porque estaba mal, porque esa no era una flor, la borró, y pintó SU flor, indicando que de ahora en adelante, al pedir una flor, era asi como la debíamos pintar. Eso me hizo enfurecer (ya era "comecandela" es esos dias), y le dije a mi papá sobre lo sucedido. Eso trajo toda una pelea, donde mi papá como Biólogo explicaba que al pedir pintar una flor, se podia pintar cualquiera de las millones de flores que existian, y mi mamá, como abogado, amenazaba con hacer botar a la maestra, y hasta cerrar la escuela.
Definitivamente, los niños terminan siendo grandes maestros. El problema es que no se en que momento, quizás cuando dejamos de ser niños (lo cual no debería suceder), nos convertimos en "extirpadores" de esa sabiduría de la niñez. Siempre que tengo oportunidad, hago la diferencia entre "educar" a un niño, y "cercenar" sus impulsos. Claro, el 99.9% de las veces me dicen "claro, eso lo dices porque no tienes hijos", con lo cual "cercenan" mi opinión tajantemente, pero afortunadamente ya me va a llegar el momento de validar si he estado o no en lo cierto.
Por mi parte, agrego las nuevas palabras de esta lista, que me parecen geniales, a mi vocabulario, y ruego porque se pueda repetir la experiencia con niños de todo el mundo, y quizás así, terminemos con un nuevo diccionario, un diccionario de felicidad e inocencia.
Es triste ver como una ciudad y de seguro todo un pais se paraliza por la ocurrencia de un solo hombre...
ResponderEliminarCZA
Hola!!!
ResponderEliminarTe felicito desconocía tus dones....No sabía que te expresabas tan bien... tan líricamente...
De arquitectura urbana a arquitectura linguística...cultural....al rescate de valores... y mucho más..
Carinos,
Solange
Gracias a todos por sus gentiles comentarios! y a tí Fernando, qué cuento más bueno ese de la flor, TU FLOR. De verdad que esa maestra era una verdadera "cercenadora" de ideas. Sin embargo, en lo que a ti y tu creatividad respecta ¡no logró su objetivo!
ResponderEliminarBesos!!
Me ha encantado tu entrada, Mitch. Es más, te animo a que entreveres tus imágenes urbanas con alguna de estas delicadas y tiernas destilaciones, que nos mueven otras fibras del alma.
ResponderEliminarUn abrazo bien dado.