Caracas

Fotografía: ODOARDO RODRÍGUEZ

domingo, 5 de julio de 2009

CARAQUEANDO

Sudando, corriendo, llegando tarde –nada empieza a la hora– apurando al semáforo con la corneta, con el insulto, con el grito. El que va manejando adelante es una tortuga. Esquivando al motorizado, ya son 3 los que me golpearon el retrovisor coño… oyendo el mismo CD quemado en el reproductor porque los originales los dejo en mi casa, por si acaso… cuando no consigo dónde estacionar entrego las llaves para que lo mueva el parquero, el dalero, “Dale, dale mi amor, que yo te lo cuido”…

Estoy a dieta informativa así que no oigo radio, no vaya a ser cosa que empiece aquel hablando, hablando, hablando… sigo cantando, bailando, la música va más rápido que los carros. Viendo el naranja, el rosado, el amarillo, el morado instalados sobre el verde perpetuo, hermoso, de las acacias, de los apamates, de los gallitos, de los samanes, de los caobos… Ya empezó a llover, la lluvia tumbará las flores, no importa, nos va dejando un reguero de colores sobre el ardiente asfalto, negro asfalto, gris asfalto, hueco asfalto, tronera asfalto, olvidado asfalto…

Frente al liceo hay dos adolescentes zampando, perdón, si no tienes un adolescente en tu casa no sabes que los adolescentes ya no se besan, zampan… mientras tanto, contestan un mensaje de texto, no abren los ojos porque ven las teclas con los dedos. Zampan mientras comparten la música, un audífono en cada oreja, nunca nuestra canción lo fue tanto, también les queda tiempo y espacio para meterse mano… Están hechos así, multifocales, multiauditivos: varios pares de ojos y orejas para I pod, celu, besos, manos, bocas, brazos, morrales, la franela kaki por fuera, los ruedos largos, pisados, rotos, ¡no me fastidies mamá!... Los niñitos del colegio de enfrente los miran con una mueca en la boca: ¡Qué asco! todavía no saben que harán lo mismo dentro de poco, tan poco, que sus padres no se darán cuenta cuando cambien el puchero por la eterna mueca desaprobatoria… Bailando, trasnochando, corriendo, saltando, hablando, chateando, emiliando, feisbuqueando, twitteando, abrazando, fumando, echando carro en el colegio, en el liceo, en la casa… no importa, también la adolescencia pasa rápido, 14, 15, 16, 17 años no se tienen dos veces. Aprovechando, viviendo, creciendo, disfrutando.

Anoche no pude dormir, la salsa, el reguetón y el merengue se instalaron hasta las 4 de la mañana, otra fiesta, otro sarao, otra rumba. Por suerte no me despertó el celular sino las guacharacas, los torditos, las palomas, las guacamayas, los pájaros de Caracas se levantan antes que las cornetas –¡qué maravilla!– y arman esa bulla de selva en plena ciudad…

Ciudad escandalosa, ruidosa, tormentosa. ¿Dónde quedó el silencio? No sabemos, nadie sabe ni quiere saber. Al que le moleste que se vaya, y se van, cada fin de semana largo, cada puente huyen despavoridos, abandonan las colas en las calles, en los cines, en los centros comerciales , en los bancos, en el mercado para hacer colas en las playas, en las piscinas, en los ríos, en las montañas, lo malo es que vuelven, no soportan nuestra ciudad pero vuelven y se quedan, se quejan pero se quedan…

Abajo está el Guaire arrastrando basura, cauchos, botellas, limitado por esas carteleras horrendas que pinta el SENIAT, quién les dijo a ellos que las márgenes del río se pintan de amarilloazulyrojo la bandera de los piojos, decíamos cuando estaba en el colegio. ¿Qué dirán ahora los niñitos en el cole? No sé, mi hija ya es adolescente, mis sobrinos mayores ya crecieron, son adultos en ciernes, mis sobrinas menores no viven aquí gracias al exilio voluntario que vamos viviendo, soportando, aguantando, su bandera es la de las rayas y las estrellas…

Pero decía que ahí va fiel, marrón, beige, kaki, pardo, sepia, el Guaire, una herida abierta, purulenta, que nos parte la ciudad en dos. “Yo prefiero cruzar el Orinoco que el Guaire” dice Valentina Quintero, y muchos piensan así, aunque no lo digan o no sean tan ocurrentes, o no hayan llegado al Orinoco, pero ella es privilegiada, vive en Los Palos Grandes, una de las pocas zonas de Caracas donde te vas caminando, paseando, conversando al mercado, a la panadería, al colegio. La mayoría lo cruzamos varias veces al día y si no, lo acompañamos en su trayectoria este-oeste encaramados en un autobús, en un carro a 5Km/hora, en el Metro que está cada vez más revolucionario, más ineficiente, más agresivo, más sin aire acondicionado, más sin escaleras mecánicas…

Seguimos marchando, protestando, reclamando por la falta de agua, por la inseguridad, por la educación, por la libertad, seguimos trabajando, estudiando, hablando mal del gobierno eterno, comprando, saliendo, comiendo, tomando, viviendo, oyendo, viendo lo que nos está pasando como quien oye llover en Macondo pero estamos en Caracas, como decían antes: jodidos, pero en Caracas.

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