Caracas

Caracas vista desde Los Samanes.

jueves, 21 de mayo de 2015

¿Emprendimiento?

Lo que llamó mi atención no fue la cantidad de motos sobre la acera. Lamentablemente, esa escena ya es común en Caracas. Lo que me extrañó fue lo uniforme de la "cobertura" de dichas motos: un cartón primorosamente ubicado encima del asiento de cada una.

Luego vino el asombro.

Un muchacho -previa colonización de un pedazo de la escalera- se sienta allí y ofrece a los motorizados dos servicios: cuidarles el casco, es incómodo hacer las diligencias de rigor con él y proteger la moto del sol inclemente o la lluvia que claman nuestros árboles. Las cajas manan de un agencia que trae por correo todo lo que no podemos comprar aquí. Y son gratis.

Dada nuestra situación económica cualquier rebusque es bueno. 

Ya teníamos varios tigres:
Dalero: -Dale mami, te ayudo a estacionar y te "cuido" el carro.
Moto taxista: No ahondaré en este nuevo modo de vida tan extendido en Venezuela.
Bachaquero: se limitaba a operar en las fronteras comerciando lo que -por razones de la devaluación- era negocio comprar aquí y vender en Colombia o en Brasil. Ahora, no hay negocio lícito más lucrativo. Comprar los productos a precios de ficción -esos que llaman regulados- y venderlos a precio de lo que no hay, o sea, muuuuy caro. No hay producto más caro que el que no se consigue.

Ahora sumamos éste. ¿Cómo lo llamamos? ¿Cuida motos?

Oigo propuestas.

lunes, 13 de abril de 2015

7 templos caraqueños y la fe intacta

Llegamos a La Candelaria justo a tiempo para comenzar el recorrido por los siete templos. Vanessa Rolfini Arteaga —periodista y cazadora de sabores— convocó por Facebook a quienes quisieran caminar por nuestro casco histórico el Viernes Santo. 

Ese centro que alberga quién sabe cuántas iglesias y seleccionó siete para este recorrido. Cumplir con el rito ancestral, abrazar amigos queridos, patear nuestra ciudad y sentirnos ciudadanos es maravilloso.
 
La iglesia de La Candelaria nos muestra su fachada recien pintada. Azul pastel y blanco fueron los colores elegidos por la alcaldía de Libertador. Lo primero que me alegra es ver tanta gente y constatar la superficialidad de aquella máxima: “en Semana Santa Caracas se queda sola”. Nada mas falso. Las playas se llenan, sí, pero las iglesias también. La fe sigue intacta. Incluso se fortalece. Es tanto lo que tenemos que pedir. O lo que tenemos que agradecer. Conmueve ver la multitud variopinta. Predomina el morado de la promesa, pero Caracas se muestra en su amplia paleta mestiza.

Desde La Candelaria empieza el recorrido y Vanessa no resiste la tentación de un aliado. ¿Quién puede ir al centro sin probar un dulce criollo?

Seguimos hasta la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Neogótico caraqueño envuelto en blanco. Suspiro porque no veo las imágenes de la fachada principal. ¿Dónde estarán? Lo que sí hay es un gentío adentro y otro tanto afuera esperando turno para entrar.

Mientras caminábamos al templo de San Francisco recuerdo aquella leyenda de mi infancia que hablaba de una virgen tallada en la ceiba. Adentro de esa gran iglesia la marea humana nos mece a paso lento y creyente. Al vaho de la multitud se suman incienso y mirra. Vanessa contaba cada tanto sus fieles seguidores —44 apóstoles citadinos— y condimentaba el paseo santo con datos sobre cada templo.

Cuando arreció el calor nos encontramos con una sorpresa en la esquina de Gradillas. Del interior blanco y negro del Bistró Libertador brotaron limonadas de un verde encendido. Limonero del Señor que nos curaste de aquellas pestes decimonónicas, líbranos ahora de las pestes contemporáneas: inseguridad, corrupción, escasez, inflación, represión.

Te lo pedimos Señor.

Más arriba espera nuestra humilde y alba Catedral. Con su torre enana desde el último terremoto que la estremeció. Y sus campanas. Desde la plaza Bolívar llegan unas Siete Palabras para los que no caben en los templos. Al rumor del gentío y la homilía se suman los que exigen firmas contra el decreto de Obama. Quiero ignorarlos, pero más que sus voces lo que abruma es el escándalo visual de afiches, pendones, grafitti, mosaicos, carteles, todo un aparataje visual del gobierno que ensucia nuestro centro. Ya sé adónde irán a parar los impuestos que acabo de pagar.

Retomo el paso. Llegando a Santa Capilla veo que su fachada principal clama cuidados y pintura. Ojalá esta vez le bajen dos al color mandarina de la última intervención. Me detengo en esa imagen única del ángel venciendo al diablo en lo más alto del templo. Admiro la pericia de los carpinteros que tallaron puertas y ornamentos.

El gentío sigue intacto. La fe también. La avenida Urdaneta es un hervidero de fieles bajando de la iglesia de Las Mercedes. Antes de llegar ahí nos detendremos en Altagracia. Pardos somos y como tales, esa es la iglesia que nos corresponde. Los mantuanos rezaban en Catedral. Qué tiempos aquellos. Hoy, el templo del dios dinero se yergue poderoso a pocos pasos de la iglesia de Las Mercedes.

Cumplida esta última estación espiritual fuimos a deleitar el paladar en la Casa de la Historia Lorenzo Mendoza. Su patio, la frescura de sus fuentes,  sus hermosas salas —restauradas por el arquitecto Luis Guillermo Marcano Radaelli— esplenden de belleza. Varias mesas rodean al fogón de donde salió un róbalo celestial, solo superado por la delicadeza del mango que lo acompañaba.

La sobremesa fue sobre grama. Mirando al cielo azul y las ramas de otro mango.


Gracias Caracas. Gracias Vanessa Rolfini. Espero repetir la próxima Semana Santa.

domingo, 8 de febrero de 2015

Triste visita a la Abadía Benedictina de Güigüe

Había tardado. 

Quizás por eso salía confiada a caminar, a tomar fotos, a recomendar sitios bonitos. Pero desde las 12:30 del sábado 24 de enero, pasé a formar parte de las desgraciadas estadísticas de los robados, de los asaltados.


Y no fue en Caracas en uno de sus tantos sitios peligrosos. Fue saliendo de un templo. De la Abadía Benedictina de Güigüe.

El Arq. Luis Polito y yo fuimos -como dos arquitectos ávidos de ver una obra hermosa- a traérnosla capturada en su cámara, en mi teléfono-. Pero ya ni eso es posible. En este país tomado por asalto no se puede admirar lo bello ni a plena luz del día. No se puede sacar la cabeza de la indecencia, del abuso, de la violencia.

Ya de regreso, casi llegando al carro, se acercó corriendo un hombre. Su cara resaltaba porque tenía la cabeza tapada con una franela azul eléctrico. En una mano blandía un machete.

Yo no entendía nada. Me parecía que estaba viendo una película. Era una secuencia digna de González Iñárritu. 

Se paró frente a mí y me pidió el teléfono. Yo seguía sin entender; sin creer lo que nos estaba pasando. Miraba alrededor a ver si venía alguien. Lo miré a la cara, así como miro a todo el mundo, y le dije: no te lleves nuestras cosas. Luis me decía dáselas. El tipo se movía lento. No movía la mano armada pero nos amenazaba... Luis le tiró su cámara. Un bien tan preciado para él; disfruta, enseña, aprende, tomando fotos. Luego el malandro nos pidió también las carteras.

Enfatizo mi estupor porque veníamos de un recinto de paz. Un sitio de peregrinación, tanto de fieles católicos -que necesitan reafirmar su fe rodeados de silencio- como de arquitectos y estudiantes de arquitectura. Hicimos una visita corta. Apenas nos movimos por los alrededores y estuvimos unos minutos en la capilla porque era casi la hora de retiro de los abates y, el Abad Jesús, nos pidió que regresáramos otro día. Y así, tomados por la paz del lugar, ajenos a todo peligro, fuimos atacados sin clemencia. 

Cuando el hombre se fue yo tenía mucho miedo. Temblaba. Quise sentarme, pero corrimos al carro. Entré en pánico porque pensé que con mi cartera se había llevado también las llaves del carro. Afortunadamente, no fue así

Regresamos vejados. Asustados. No son sólo las cosas materiales que tanto nos cuesta comprar en este país donde abunda la escasez. 

A mí me robó también la confianza, el entusiasmo de salir a descubrir, a conocer, a reseñar lo bonito. Lo que tengo es rabia. Indignación pura. A estas alturas ya habrá transado nuestras cosas en el mercado de lo robado.

¿Pero en qué mercado se transa nuestra tranquilidad? ¿Quién paga nuestra bonhomía?
Dos semanas después la imagen del hombre armado, corriendo hacia mí, todavía aparece en mi mente. 

Apenas llegué a Caracas narré lo sucedido en Facebook y Twitter y grité: no vayan a la abadía. Hubo muchas reacciones. La mayoría de abrazo, de solidaridad con lo que nos sucedió pero no faltaron las críticas sobre "el abandonar espacios" o el "dejar a los abates solos". Para estas dos sentencias tengo sendas respuestas: yo no he abandonado los espacios. Llevo 8 años publicando recomendaciones en este blog con el único objetivo de ocupar nuestros espacios. Respecto a "acompañar o custodiar a los abates" no soy yo quien puede hacer eso. Malamente me cuido a mí misma. Venezuela tiene un gobierno que ha dejado sola e indefensa a los ciudadanos de bien.

Mi mensaje es de alerta. Aquí ya no hay seguridad ni en los sitios adonde vamos más confiados.

Sí, ya agradecí a Dios que no nos pasó nada.

Fotografía: Internet. Las que tomé fueron robadas.

domingo, 4 de enero de 2015

Valparaiso

    Fotografía: Alberto Rojas

Llegué a Valparaíso en Metro desde Viña del Mar, que dicho sea de paso, me dejó “sabor a poco”; para usar una frase santiaguina que dice mucho. Lo de sabor a poco se refiere a Viña, famosa por su festival. La televisión hace grande lo pequeño. Descubrí la pólvora. Pero esa es otra historia.

Esta crónica va de lo mucho que me gustó Valpo –como le dicen también a esta ciudad multicolor– anfiteatro natural con vista al mar desde todos y cada uno de sus 42 cerros. Cifra poco precisa en cantidad más sí en calidad por su topografía de vértigo, encantadora y multisápida


Valparaiso remonta su historia antes de la llegada de los españoles, cuando era un puerto habitado por nativos que vivían de la pesca y la recolección. A través de los siglos fue azotada por conquistadores, piratas, guerras, incendios y terremotos. Todos cruentos. Se fraguó renaciendo varias veces sobre sus escombros hasta convertirse en lo que es hoy, la tercera ciudad más poblada de Chile; después de Santiago y Concepción.

La tercera ciudad de Chile con una impronta de primera. Única. Gracias a su colorido y a que está formada por tres zonas: el mar, el plan y los cerros. Valparaíso además, supo ser pionera en fundar el Cuerpo de bomberos; la primera compañía de seguros a nivel nacional; el primer telégrafo y el primer diario español.

Valparaíso era un puerto de importancia capital a finales del siglo XVIII y hasta comienzos del XIX, cuando fue destronada tras la construcción del Canal de Panamá. 

De aquella época de oro es testigo su centro –llamado el Plan– donde imponentes edificios neoclásicos son sede de bancos, instituciones y comercios.

Los cerros escarpados dan posada a sus habitantes y en algunas zonas, mezclan con armonía viviendas, cafés, galerías de arte, hoteles boutiques, hostales juveniles y talleres de artistas y escritores. Cuando caminas por esas calles empinadas o cuando subes decenas de escaleras te sientes acogido por su escala amable, como de pueblito, pero no te confundas, Valpo es sede del Congreso Nacional, de la Comandancia en Jefe de la Armada de Chile, del Consejo de la Cultura y las Artes, la Subsecretaría de Pesca, los servicios de Aduanas, Pesca y Acuicultura. Su terminal portuario es uno de los principales del Pacífico Sur, cuenta con 4 universidades y tiene una intensa vida cultural y turística. 



Sin duda su distintivo es la policromía de fachadas y muros, adonde han ido a parar grafiteros y artistas visuales del mundo entero. Especialmente después de la “Expo Graffiti Porteño 2010”, actividad que incluyó talleres en el Cerro Concepción; una exposición de reconocidos grafiteros en el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y la ejecución del mural más alto de Chile. 

Todo esto fue motorizado por Inti Castro. Grafitero porteño que ganó fama internacional a raíz de un trabajo similar en Noruega. Desde entonces, esta actividad no para. Sobre sus paredes se despliegan historias y personajes pero sobre todo, se siente la sensibilidad expresada en cada detalle, con pintas de tipografías sugerentes y una paleta de colores vivos que te acompaña durante todo el trayecto.  

En la época de la ebullición portuaria las angostas vías de acceso no eran aptas para transporte público, entonces desde 1883 para ascender a los cerros se construyeron cerca de 30 ascensores, de los cuales están activos 16 y hay varios en proceso de recuperación. Algunos de ellos son patrimonio de la humanidad.

Fue súper grata la experiencia de subir en la cabina de madera y vidrio del ascensor Reina Victoria; ver cómo opera su maquinaria original y caminar de allí a una de las terrazas donde el calor nos reclamaba una cerveza helada, pero opté por una “vaina”.

Una vaina en Venezuela es cualquier cosa. En Chile es un trago más dulzón que refrescante pero su historia nos recuerda a Andrés Bello; venezolano y hombre de letras de reconocida trascendencia en el país austral. 

La anécdota es más o menos así: Don Andrés acudía con frecuencia a un bar donde le servían una bebida que le gustaba, más no sabía su nombre… Una vez la pidió como: “dame una vaina de esas” y así se quedó. Si te gustan los licores dulces te encantará. Lleva Vino añejo, cognac, licor de cacao, azúcar impalpable y una yema de huevo. La coronan con canela en polvo.



Al comienzo de esta crónica les decía que la mejor forma de llegar a Valparaíso es en Metro. La experiencia de emerger de las profundas oscuridades donde –normalmente– serpentean los trenes subterráneos y, de pronto, sea el curso del mar quien guíe al tren, sea el azul y no el negro quien pinte las ventanas es deliciosa; sin embargo, la próxima vez me gustaría llegar por mar y ver desde allí sus cerros coloreados.

Para subir al cielo no se necesitan escaleras. En Valpo hay ascensores. 








  

Con esta crónica agradezco también al Chamo Rojas su agradable guía. .

sábado, 13 de diciembre de 2014

#SinElÁvila


Estaré fuera de Caracas por unos días, así que les dejo esta imagen de nuestra flora decembrina y con ella, mis mejores deseos para estas fechas y el año por venir.

Los que vivimos al sur del norte sabemos cuán difícil ha sido el año que casi termina... lo que no sabemos es cómo será el próximo; pero, aunque no pinte bien, o precisamente por eso, mis deseos de bienestar, salud, y paz se multipliquen hasta cotas siderales.

Viajaré al sur: Buenos Aires y Santiago. Ambas ciudades están entre mis apetecidos destinos, ¡ahí voy!

Al regreso prometo cónicas y fotos.

¡Feliz Navidad y Feliz, feliz 2015.

sábado, 15 de noviembre de 2014

No necesito

Escribí este texto hace casi un año, cuando una decisión gubernamental empujó a la población a arrasar con todo lo que hubiera en las vitrinas y, conminó a los comerciantes a dar descuentos en determinados productos de "primera necesidad". Lo publico hoy aquí porque -desgraciadamente- no solo no ha perdido vigencia, sino que esta triste y manipuladora historia populista se repite idéntica hoy.


No necesito una moto. Lo que quiero es que todas las que hay en Caracas se bajen de las aceras y no lleven sobre ellas ni niños ni cargas, porque nos ponen a todos en peligro.

No necesito un carro nuevo. Lo que quiero son más autobuses, más aceras, más ciclovías, a ver si vendo el mío y en vez de perder tanto tiempo en el tráfico leo.

No necesito una nevera. Lo que quiero es que las del mercado estén llenas de comida y pueda escoger, no llevar lo que haya.

No necesito una lavadora -aunque la que tengo hace mucho escándalo- Lo que necesito es que cuando vaya a lavar haya agua, luz y jabón.

No necesito un radio. Lo que me hace falta es música sin estridencias, opiniones variopintas, entrevistas respetuosas. Cero insultos. Más música y menos arenga política. Quiero oir otra vez la emisora Cultural de Caracas.

No necesito cadenas. Cuando quiera enterarme de algo prenderé la radio, abriré el periódico, la compu, Twitter o Facebook.

No necesito rebajas a juro, lo que quiero es que haya tanta oferta, tanta sana competencia que los precios bajen solitos.

No necesito un aire acondicionado sino viviendas diseñadas para que entren los vientos alisios y sean ellos quienes se lleven el calor y el ruido.

No necesito unos Nike, ni unos Adidas, en realidad no necesito pagar para ponerme una marca. Son las marcas las que deberían pagarle a la gente para que se las ponga.

No necesito cornetas sino campañas que enseñen a ceder el paso, a pararse donde se debe, a respetar el hombrillo y el semáforo.

No necesito aspiradoras, pintura ni tirro, clamo por aceras limpias y defensas libres de amarillo tráfico.

No necesito flores artificiales ni pinos carísimos que duren un mes. Lo que quiero son parques libres de rejas y plazas lllenas de niños.

No necesito misiones, batallas, gestas, milicias, guerras económicas ni ideológicas, lo que necesito es hablar civil e instituciones fuertes que defiendan nuestros derechos.

Fotografía: Sambil Valencia

lunes, 3 de noviembre de 2014

Recuperar lo obvio

Cuando caminamos por Caracas y tropezamos con basura, aceras rotas; alcantarillas sin tapa; carros estacionados sobre las aceras y motos circulando sobre ellas -me refiero a motos circulando sobre las aceras- nos damos cuenta cuánto hemos perdido los peatones en Caracas.

Por ello un grupo de ciudadanos y profesionales preocupados y ocupados de que se respeten las más elementales normas de convivencia ciudadana se dieron a la tarea, por segundo año consecutvo, de tomar acciones para subrayar la necesidad de que las autoridades vuelvan la vista sobre tanta falta de respeto al peatón.

La Semana del peatón organizó una caminata por Las Mercedes donde los asistentes pudieron constatar cómo el área destinada a estacionamiento -paralela al río Guaire- se encuentra no sólo en total estado de abandono sino que esos espacios no son usados con el fin para el que fueron destinados: estacionamiento. Los visitantes de los locales comerciales de Las Mercedes se estacionan en los retiros de frente y sobre las aceras; impidiendo y dificultando el tránsito de los de a pié, bajo la mirada ¿cómplice? o complaciente de las autoridades de la alcaldía. Puedes leer aquí la crónica escrita por el periodista Cheo Carvajal sobre esta jornada.  

El puente de Las Mercedes -una conexión que debería fortalecerse como enlace petonal entre esta urbanzación y El Rosal-Chacaito- fue objeto de una intrvención súper interesante reclamando lo obvio: más espacio para el peatón.

También se realizaron varias mesas de trabajo donde interacturaron diferentes voces en el planteamiento de propuestas concretas que, de ser oídas y puestas en práctica por las alcaldías del área metropolitana, aliviarían sin duda el mal vivir de los caraqueños.

Por último se desplegó una actividad en los alrededores de Sabana Grande para incorporar a nuestros niños, futuros ciudadanos, de la vital importancia de conectarse con su ciudad por la vía del placer, de la seguridad e infundir en ellos esa autoestima urbana que hemos ido perdiendo.

Desde aquí felicitamos y apoyamos a Cheo Carvajal, Blanca Rivero, Ana Cecilia Pereira, Tomás de La Barra y José Orozco y todos los participantes de estas dos semanas dedicadas al peatón. No serán en vano sus esfuerzos en sumar calidad de vida y civilidad a nuestra querida ciudad.

Todas las fotografías fueron tomadas de la pág de Facebook del periodista Cheo Carvajal.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Sobre dos ruedas sin motor


Los que vivimos en Caracas sabemos, de sobra, cuánto tiempo nos puede tomar llevar una encomienda de un sitio a otro de la ciudad. También sabemos que no contamos con un buen -ni siquiera regular- servicio de correo. Es por eso que, desde hace décadas, todas las empresas y muchos particulares cuentan con un "motorizado". Así le llamamos por estos lares al empleado cuyo trabajo consiste en llevar facturas, recibos, repuestos y todo tipo de encomiendas de un lugar. Pero de un tiempo a esta parte Caracas ha sido -literalmente- invadida por las motos. 

Un conjunto de factores: insuficiente y des coordinado transporte público; gasolina súper barata; políticas públicas que estimulan el uso del vehículo particular; poquísima educación vial y un largo etcétera digno de mejores análisis han hecho que los motorizados se salgan de control.

En medio de ese contexto caótico que describí someramente en las líneas anteriores y que puedes seguir leyendo aquí, surge un emprendimiento digno de ser aplaudido y apoyado por los que creemos que sí hay opciones para mejorar nuestra calidad de vida.

Estoy hablando de los #ecomensajeros. Ecodelivery es un servicio de mensajería sobre dos ruedas, pero sin motor. Un grupo de muchachos que van con su morral y su bicicleta a entregar ese paquete que debe estar en su destino antes de que bajen la santamaría. O aquel regalo sorpresa que alegrará el día de alguien... y quién sabe cuántas cosas más.

Por supuesto, si quien lleva tu encomienda se preocupa por el ambiente y se desplaza en un vehículo que no consume más energía que la que circula por sus piernas y su corazón sobra decirte que está en buenas manos. Pero te ofrecen algo más: cordialidad y sonrisas; algo de lo que también andamos escasos.

Así que...

Súmate a los clientes de Ecodelivery y réstale al caos y a la anarquía motorizada. Caracas te lo agradecerá.

Aquí el teléfono: 0412 9318758 También los puedes contactar por Twitter, FB e Instagram.

lunes, 20 de octubre de 2014

¿Ciudadano o analfabeta urbano?



La ciudad tiene su propio alfabeto y comienza con una ancha, iluminada, generosa A de acera. Debe seguirle la B de bancos. No ésos donde se transa con dinero sino aquellos para hacer una pausa en cada C de calle. A partir de este ABC se teje la trama del disfrute y de la seguridad ciudadana. Lamentablemente, en Caracas olvidamos nuestro ABC urbano. Lo perdimos y los ciudadanos no saben leerla. Mucho menos disfrutarla. Por eso la sufren. 


Para hablar de ciudad es indispensable hablar de aceras. Sin aceras no hay ciudad. La acera une los puntos. Propicia el diálogo entre parques y plazas. Acompaña avenidas. Corteja calles. Su carencia o su deterioro causan estragos en los ciudadanos. En la medida que escasean aceras aumentan los vehículos privados. Si a esta ecuación le restamos transporte público el resultado es catastrófico: tráfico e inseguridad vial. Un rompecabezas donde ninguna pieza calza, todas sobran. 

El peatón es el más vulnerable de los ciudadanos. Y en Caracas debe esquivar todo tipo de obstáculos. Unas veces basura. Otras, alcantarillas abiertas. En muchas aceras lidia con hongos de concreto armado que entorpecen la visual y los carros los arrancan de raíz, mostrando sin pudor acero retorcido. A veces nuestro peatón cree que alcanza un respiro, entonces, se le atraviesa un quiosco de periódicos, un buhonero, un tótem de publicidad o un árbol tan espléndido en verdes como renuente al corsé de concreto. Ahora corre un peligro mayor: los motorizados han invadido las aceras. Suben por las rampas para el acceso de personas con movilidad reducida convirtiendo a cualquier peatón en un minusválido. 


El transporte público es vocablo imprescindible para hablar de ciudad. De ciudad verdadera. De ciudad inclusiva. Si aplicamos la máxima “una ciudad próspera es aquella donde los ricos usan transporte público”, la nuestra es muy pobre. Paupérrima y religiosa. Porque en Caracas quien espera un autobús reza. Reza para que no venga tan lleno. Reza para que no lo asalten. Pero sobre todo reza para que llegue. La ruta de nuestros autobuses no la trazan alcaldes ni institutos autónomos sino la adrenalina caribe de un chofer y su sound track reguetonero. Y el Estado, en lugar de poner el acento en el transporte público, subraya el transporte privado en un país donde la gasolina es más barata que el agua. El gobierno otorga créditos para adquirir motos y carros y construye viviendas sin estacionamiento; en un país donde el automóvil no es solo un vehículo de transporte, es un símbolo de estatus. 


Las motos se han multiplicado por miles en una oración que conjuga emprendimiento y delincuencia. Cuándo se convirtieron en transporte escolar? ¿Cuándo en transporte de carga? ¿Qué imperiosa necesidad empuja a una persona a exponer lo más sagrado que tiene —sus hijos— a un peligro sobre dos ruedas? 


Tenemos que reaprender nuestro abecedario urbano. Las aceras son del uso exclusivo de los peatones. Los semáforos no son un insulto, son un acuerdo. El paso cebra no es una grosería sobre el asfalto. La luz de cruce es un dispositivo de aviso, no una súplica, un clamor intermitente para que los motorizados nos permitan cambiar de canal. Tenemos que enseñarles a los padres que los niños no deben ir en moto y que las aceras no son una extensión de la calzada. Necesitamos un alfabeto común. Legible y respetado por todos los ciudadanos. No vocablos aislados. Nos urge un punto y seguido entre las 5 alcaldías; no un punto y aparte. 

Debemos reaprender nuestro abecedario urbano. Nuestra ciudad se ha convertido en una sucesión de X imposibles de despejar.

domingo, 19 de octubre de 2014

Jardín botánico, el pulmón ucevista

La Universidad Central de Venezuela es tan completa, tan generosa repartiendo conocimientos y experiencias que además de la Ciudad Universitaria le regala a Caracas, uno de sus pulmones vegetales. Estoy hablando del Jardín Botánico.

Un parque de 70 hectáreas llenas de un verde espléndido durante todo el año. Uno de esos lugares de Caracas visto por muchos y visitado por pocos. Solo una reja lo separa de la autopista y el rumor de los carros puede oirse desde allí, pero no molesta, la verdad, porque la magnificencia de su vegetación es tal que uno se olvida del vecino tráfico.

El Jardín Botánico -abierto en 1958 gracias al trabajo minucioso y profesional del Dr. Tobías Lasser, el horticultor suizo, August Braun y el jardinero Pedro Naspe- es un sitio ideal para pasear, descansar, correr o simplemente caminar contemplando nuestra bella naturaleza. La dimensión de sus árboles asombra, incluso a caraqueños acostumbrados a los árboles del Parque del Este, porque aquí son más altos y más imponentes.

Me llamó mucho la atención que la senda principal esté asfaltada porque en algunos sectores se ve, que el pavimento anterior, constituido por piedras, se encuentra en muy buen estado. Considero un error haber cubierto el pavimento original por asfalto pero sus razones tendrían y espero averiguarlas.



Como todo espacio creado y dedicado a brindar conocimiento tiene un edificio donde se encuentran aulas, archivos, espacios administrativos y un acogedor auditorio. Todo impregnado por el lenguaje del más universal de nuestros arquitectos: Carlos Raúl Villanueva.




Así que te recomiendo lo visites. Es una excelente opción de fin de semana. Eso sí, cero música a todo volumen y demás actividades que perturben la paz de este ecositema constituido por más de 2.500 especies vegetales y quién sabe cuántas animales. La entrada es baratísima: Bs 15 (en este momento 0,15$) y con este ínfimo pago contribuyes a la manutención de un parque digno de ser admirado por propios y extraños.

jueves, 16 de octubre de 2014

¿Debe la arquitectura modificarse por el mercadeo?

Ya hace tiempo que la torre del Banco Provincial -mejor conocida por las siglas de su casa matriz expañola, BBVA- cambió la fachada de su sede principal, o mejor dicho, sus colores, para vestirla con "los colores corporativos".

Aunque en Caracas hay miles de temas más importantes (y en este blog hemos tratado muchos de ellos) llevaba tiempo queriendo abordar este, porque considero que modificar así uno de los edificios más emblemáticos de las última décadas, no debería pasar desapercibido,

Estoy hablando del poco respeto que tienen propietarios, copropietarios, inquilinos y residentes de un edificio, por mantener y conservar el espíritu -por qué no llamarlo así- de las edificaciones que habitan.

Este edificio del que, lamenteblemente, desconozco sus autores, fue objeto de una modificación significativa. Originalmente los elementos que destacaban en sus cuatro fachadas -unos paralelepípedos blancos sobre  fondo oscuro- fueron revestidos totalmente de azul en degradé: el color que identifica a esta institución financiera. Los antepechos de los pisos inferiores también fueron alterados con la misma monocromía.

Mi pregunta es ¿por qué cambiar las fachadas de un edificio para ceñirlo al molde del mercadeo? ¿No es suficiente la profusión de avisos publicitarios; el letrero de la cúspide; los uniformes de los empleados y un largo etcétera, que no voy a enumerar aquí, para que el público identifique "la marca"? ¿Fueron advertidos, consultados, llamados, los arquitectos antes de acometer este cambio radical?

¿Hay antecedentes a esta acción?

Cuando pienso en edificios "corporativos" vienen a mi mente locales comerciales; acaso pequeños edificios que llevan impresos en sus fachadas rótulos, logos, símbolos gráficos propios de una marca, pero en este caso se trata de una torre de 40 pisos cuya impronta era, precisamente, esa volumetría en blanco y negro.

Pienso que si algún día el Banco de Venezuela compra, pongamos por caso, la Torre América (mejor conocida como la mazorca, por sus ventanitas amarillas) y se le ocurre pintarlas todas de rojo ¿qué diría su autor, el arquitecto Carlos Gómez de Llarena? 

El color también es parte de la arquitectura.  No serían iguales las casas de Luis Barragán si en lugar de llevar esa paleta tierra, roja y amarilla fueran azules sus muros.

Ls caraqueños estamos sordos de tanto ruido visual. ¿Puede la "imagen corporativa" deformar la arquitectura? 

Es solo una pregunta.


domingo, 21 de septiembre de 2014

TecnoFIA, un espacio para gozar del #Arte y la #Tecnología


Decir que algo tiene 23 años -ininterrumpidos- en Venezuela es decir mucho. Especialmente, si recordamos que llevamos 16 ¿o 20? de inestabilidad pura y dura.

Pero sí se puede. La #FIA, Feria Iberoamericana de Arte ha podido. 

Así que la próxima semana subirá el telón en el Hotel Tamanaco, para mostrar a todo aquel que le interese el Arte -sí, con mayúsculas- las obras de cientos de artistas representados por 30 galerías de Iberoamérica. Como siempre, habrá espacio para instituciones públicas y privadas y para publicaciones especializadas en este rubro, que nos hace la vida más llevadera a quienes disrutamos sumirgiéndonos en él como espectadores.

Desde esta ventana esperamos con especial atención lo que le traerá FIA Todo terreno. Allí cuando la FIA trasciende los espacios expositivos y se vuelca a la calle para regalarle a los ciudadanos un poco de aire fresco con intervenciones lúdicas en espacios públicos.

También en el recinto ferial se presentará, por tercer año consecutivo #TecnoFIA. Un espacio que vincula las nuevas #Tecnologías y el #Arte. En esta  oportunidad con la obra conjunta de los artistas Cristóbal Mendoza y Annica Cuppetelli. Quienes traen una propuesta audiovisual, interactiva, dinámica, y corpórea: denominada Notional Field (campo nocional), bajo la coordinación de Sonia Aguirre.
 
Aquí les dejo un abreboca pero la idea es acercarse y participar; porque la obra de Cuppetelli y Mendoza te motivará a moverte, a jugar y -por qué no- a bailar para formar parte de ella.

Varios artistas venezolanos  han hecho de la tecnología su aliado. Los más destacados -y conocidos Urbi et Orbi- son Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez. Sin embargo, Patricia Van Dalen, Carlos Zerpabzueta, Elizabeth Cemborain, Arturo Quintero, José Luis García, entre otros, presentarán sus propuestas en varias de las galerías participantes. 



Coordenadas:
Lugar: Hotel Tamanaco Intercontinental
Fecha: Gala Inaugural a beneficio de La Asociación Damas Salesianas: 25/09 7:00pm
Horario: de 2:00pm a 9:00pm (viernes y lunes) y (sábado y domingo) de 11:00am. a 9:00pm.
Entrada: Bs.150 General
Bs. 70 Estudiantes

#NosVemosEnLaFIA

                                                                Obra de Carlos Zerpabzueta












Obra de Elzabeth Cemborain

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