sábado, 6 de junio de 2009

NIEMEYER EN EL MACCSI

Empiezo aclarando -a los que me regalan su lectura fuera de mis fronteras geográficas- que MACCSI eran las siglas con las que se conocía el más grande Museo de Arte Contemporáneo de Caracas; la S y la I correponden a las iniciales de la mujer que lo hizo posible: Sofía Imber. Destacada periodista e incansable promotora del Arte en Venezuela, en 1973 fundó el Museo que bajo su gestión ocupó el primer lugar en instituciones de esa naturaleza albergando una colección permanente de más de 4.000 obras la cual, lo convirtió durante varios años, en el mejor de Latinoamérica. Tristemente célebre es el gris episodio en el que nuestro eterno gobernante la destituyó de su cargo y desde entonces, sus visitadas instalaciones dejaron de serlo. Durante casi 10 años sus salas apenas nos han dejado ver una que otra exposición. Sí, estoy consciente de que las personas que dirigen las instituciones no son las instituciones pero esa máxima no rige en países que como el nuestro las ve desmoronarse delante de los ojos de quienes más las necesitan.

Recuerdo que la última vez que acudí al MACCSI fue hace 3 años, a ver las imágenes que hiciera en Caracas el fotógrafo de los desnudos de masas: Spencer Tunick. Demasiado tiempo de inactividad para una institución que nos llenó de innumerables y destacadísimas exposiciones.

Por fortuna para los caraqueños una exposición itinerante del archiconocido arquitecto brasileño Oscar Niemeyer revitaliza la vida del MACC (como se llama ahora; destituida su fundadora sus iniciales fueron eliminadas del nombre del museo) y muestra la obra de este creador universal nacido hace 102 años en Río de Janeiro. La que nos ocupa es una exposición itinerante organizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil y su instalación en nuestro país quedó bajo la responsabilidad de la Fundación Museos Nacionales y la curaduría del arq. Domingo Álvarez.

Ciertamente salpicada de notas alusivas a las simpatías del genial Niemeyer por el régimen que impera en nuestro país, ésta es una muestra a la que todo arquitecto, todo estudiante, todo ciudadano ávido de conocer los alcances de la colosal obra de este carioca del mundo debe asomarse. Un montaje lleno de hermosas imágenes que en todo su esplendor hacen justicia a proyectos realizados durante más de 70 años. No muchas personas pueden mostrar tanto. Edificios gubernamentales, viviendas, estadios, museos, parques, plazas, iglesias y por supuesto, la ineludible Brasilia se encuentran desplegados para el disfrute de quienes la visiten.

Hay que darse tiempo para recorrerla en su totalidad, para perderse en las imágenes plenas del tratamiento plástico, lúdico que otorga Niemeyer a sus proyectos, donde el concreto se antoja plastilina en manos de un prestidigitador de formas y el blanco esplende vigoroso realzando las formas y animando los espacios. Mención especial merece una video-entrevista en la que el maestro dibuja mientras conversa, como si le fuera indispensable acompañar sus palabras con bocetos. Y en efecto lo es, no sólo para él sino para tantos arquitectos y artistas cuya acción de expresarse verbalmente precisa el movimiento de sus manos, lápiz en ristre, papel en blanco. Un deleite.

En algunos casos su trazos fueron imitados por otro artista que convirtiéndolos en fino alambre proyectan una doble sombra sobre los soportes de acrílico transparente que se posan sobre las paredes. Fotos, maquetas, planos, videos, textos, hasta una réplica a gran escala del vitral de la catedral de Brasilia.

Un mundo de recursos para que disfrutemos la extensa obra de un arquitecto incansable, de una vida volcada a hacer ciudad, a hacer arquitectura.

El mayor aporte nacional a esta exposición es el correspondiente al proyecto que realizó Niemeyer para nuestra ciudad en 1955, junto a un grupo de jóvenes estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la UCV –y que desafortunadamente, nunca fue construido- el Museo de Arte Moderno de Caracas. Allí se encuentran los pocos planos existentes gracias a la Fundación de la Memoria Urbana, empeñada en atesorar nuestra memoria. Un video con el arquitecto Fruto Vivas, el joven colaborador de entonces nos documenta acerca de esta propuesta.

De modo que acércate al MACC: en Metro, estación Bellas Artes, o en carro. Si tienes esta última opción, estaciónate en el antiguo Hilton, hoy Hotel Alba. Después de ver tan completa exposición y recorrer nuevamente las salas de nuestro museo, no dejes de pasearte por el lobby del Alba; sin duda es una experiencia que te llevará a La Habana, recodo del Caribe donde aprendimos cómo convertir un hotel de lujo en un patético elefante de concreto descuidado y esquivo a los turistas.

Fotografías: cortesía del arq. José Miguel Avilán Palacios

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