sábado, 6 de junio de 2009

LA CASA QUE VENCE LAS SOMBRAS

Volver al Aula Magna

Me podrían llevar con los ojos vendados y sólo por el olor sabría inmediatamente que estoy allí. Es un olor inconfundible y no sé a qué se debe, pero forma parte de ese espacio entrañable que es el Aula Magna de la UCV. Bajo las Nubes de Alexander Calder hemos oído y visto de todo: desde Soledad Bravo a Charly García; de la Cátedra del Humor a Laureano Márquez; de Claudio Abbado a Gustavo Dudamel; del teatro El Chichón al Ensamble Gurrufío; más de medio siglo de música, teatro, aplausos e incontables emociones, pero las ceremonias de graduación siguen siendo especiales…

A la de Laura mi hermana menor, Ale y yo llegamos un poquito tarde. Pocos minutos después de que comenzara el acto de imposición de medallas a los 500 y pico de estudiantes que esperaban su turno para ver cómo el sueño de varios años de esfuerzo, tomaba forma de estrella dorada sobre el negro riguroso de una toga. Más de uno comentó que ese gentío vestido de negro le recordaba mucho a cualquier escena de Harry Potter, aunque el escenario no fuera un castillo medieval sino el más moderno de nuestro auditorios caraqueños. Cuando entramos el Decano terminaba su discurso, pero alcancé a oír que allí se forjaban profesionales para defender la libertad y la democracia. “Por ahora”, pensé, pero aun así, es un alivio que esa Casa de estudios siga venciendo las sombras.

En orden alfabético fueron nombrando a los estudiantes egresados de cada una de las escuelas de la Facultad de Humanidades: Arte, Bibliotecología y Archivología -estos últimos desfilaron muy calladitos, cónsonos con la profesión elegida- todo lo contrario de lo que ocurrió cuando anunciaron a los graduandos de Comunicación Social, porque su algarabía no sólo evidenciaba que era la 2ª escuela que más estudiantes graduaba, sino que sus ansias de expresarse y de ser oídos se hicieron presentes con una gran bulla.

Para musicalizar el acto académico y aprovechando que una de las estudiantes de Comunicación Social hace sus pinitos en la dirección vocal, subió al escenario el coro de la Escuela de Enfermería que interpretó 2 piezas del folclore nacional. Luego de los aplausos le tocó el turno a la escuela de Educación, que con más de 200 egresados se convirtió en la promoción más numerosa. ¡Que oportunos!, pensé, especialmente en estos momentos en que la incertidumbre política e ideológica se cierne sobre las cabezas de nuestros niños y adolescentes.

A estas alturas ya se habían otorgado varias distinciones a estudiantes Magna Cum Laude y todas, eran mujeres. Mi mente recordó unas frases recientemente leídas en la biografía de Margot Arismendi de Villanueva: “Margot en dos tiempos, una caraqueña del siglo XX” (Adriana Villanueva-Fundación Villanueva): “…Pero en aquellos años veinte, cuando terminé primaria, eran muy pocas las niñas que estudiaban bachillerato y las que lo hacían, tenían que irse a estudiar a liceos porque los colegios de monjas sólo llegaban hasta sexto grado. Contadas con una mano las mujeres de mi generación que pudieron ser profesionales, todas mujeres muy meritorias…”

Ahora estamos aquí, comenzando el siglo XXI -cronológicamente hablando- y la supremacía de la mujer en los estudios es notable, por no decir abrumadora. ¿Pero cuántas de estas mujeres que se están graduando hoy pronto estarán ejerciendo el triple rol de trabajadora, madre y esposa? ¿Cuántas conseguirán un trabajo que llene sus expectativas profesionales y retribuya con un pago justo sus esfuerzos? ¿Cuántas se verán en la difícil disyuntiva de elegir entre seguir creciendo profesionalmente, postergar el momento de formar su propia familia, o lanzarse a esa pasión amorosa que las tiene de cabeza?

Hablando de mujeres a mi lado está Amalia, socióloga de profesión, insaciable estudiante, docente y orgullosa madre de Laura, una de las criaturas que está a punto de recibir la insignia de su licenciatura en Idiomas Modernos; más allá está Jessica, una fiesta de pecas y carcajadas, compañera de trasnochos estudiantiles que por diversas razones tendrá que esperar unos meses para subir al mismo escenario a recibir su título de comunicadora social, mientras tanto se emociona con el de su amiga; al otro lado está Alejandra, estudiante de educación básica, que presencia con ávida curiosidad este ritual poco habitual para su edad; y tantas madres, hermanas, primas y amigas de los estudiantes que protagonizan este momento inolvidable.

Los aplausos aturden cuando de la promoción de Psicología surgen varios Magna Cum Laude y dos Summa Cum Laude. Todos de pie, le ofrecemos nuestro reconocimiento al esfuerzo y a la dedicación que significa salir del Aula Magna con esos títulos.

La emoción aumenta y al terminar el acto académico. Estudiantes y profesores salen sonrientes a la Plaza Cubierta. La luz inclemente del mediodía se doblega ante el tamiz de bloque calado que funde el adentro y el afuera; las risas se visten de luz y sombra. La brisa, invitada de honor a estos espacios que creó Villanueva, refresca los rostros sudorosos de emoción y aviva las sonrisas, una escuela de samba en vivo y directo mueve piernas y corazones. Para más de quinientos estudiantes de la UCV hoy comienza de verdad, la vida.

Caracas, 25 de enero de 2007

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