sábado, 2 de enero de 2010

Plaza y luna llenas




Con gran expectativa, amigos muy queridos y vino espumante nos fuimos a la Plaza Altamira a recibir el año 2010. Llevaba varios años sin despedir el año en Caracas, así que no quería perderme la oportunidad de hacerlo en esa fiesta que desde diciembre de 2004, la Alcaldía del Municipio Chacao organiza con eficiencia y alegría para el disfrute de todos los caraqueños.


Llegamos pasadas las 10 y la gente llenaba la plaza y sus alrededores. Alfredo Naranjo y su grupo El Guajeo, prendían la fiesta a ritmo de jazz latino. La lluviecita –que amenazaba desde la tarde con aguarnos la fiesta– estaba cediendo para dejarnos ver la última luna llena del año y, los árboles generosos nos cobijaban entre luces verdes y violetas. Eso , nada del “friíto” típico de estos días decembrinos, apenas una suave brisa se colaba entre las ramas y la música. La verdad es que mientras estaba allí, disfrutando de nuestro delicioso clima, no dejaba de pensar en el frío de los que esperan el año en Times Square, en la Plaza Mayor de Madrid, o al pie de la Torre Eiffel…en fin, Caracas+jazz latino+20°C.

Afortunadamente, este año poco a poco hemos ido ganando la calle para el esparcimiento, venciendo la rutina del encierro de los centros comerciales y el miedo a la i

nseguridad. Primero fue en junio cuando Por el medio de la calle se realizó por tercera vez consecutiva. Después fue Hatillarte, y recientemente el Paseo Los Palos Grandes. Todas éstas, actividades que van revelando el apetito de vida urbana que estamos sintiendo.


Pero esta celebración de la ciudad, este rito anual de recibir lo nuevo con esperanza, de compartir con los amigos y la familia en un espacio urbano ya tiene un lugar establecido en Caracas como en todas las grandes ciudades del mundo, y es una de las plazas más emblemáticas de nuestra ciudad, desde hace tiempo la más concurrida. La que con

voca por igual a los caraqueños del este y del oeste. Esta plaza, corazón de la urbanización Altamira que construyera Luís Roche en 1945, está rodeada de edificios residenciales; algunos de ellos son piezas fundamentales de lo mejor de nuestra arquitectura de los años ’40,’50 y '60 y desde sus balcones, también se festejaba el intercambio de risas, de anécdotas que vienen a cuento a la hora de terminar un ciclo y comenzar otro. Edificio Altamira, remate norte de la Plaza.

Edificio Univers, sobre el lindero este de la Plaza. Fotografía: Odoardo Rodríguez


Entre los bancos y las jardineras jugaban los niños, bailaban los jóvenes y conversaban adultos de todas las edades y clases sociales. Ron, uvas, vino y cotillones, cada quien llevó lo suyo para compartir. Al calor de la salsa de Nelson Arrieta y el Ska de Desorden Público se diluyeron las diferencias. Por cierto, un abrazo especial merece Horacio Blanco, líder vocal de la excelente agrupación de Ska venezolano, a quien la inmovilización del brazo derecho por un accidente ocurrido durante la presentación del grupo en Margarita le impidió tocar la guitarra, pero no bailar ni animar la fiesta. (Pincha aquí para conocer los detalles).


A medida que se acercaban las 12 de la noche, aumentaba la alegría y comenzaban a tronar los primeros fuegos artificiales. El alcalde Emilio Graterón comenzó la cuenta regresiva y al llegar a cero se estrechó un abrazo colectivo. Sus breves palabras dieron cuenta de la voluntad de su gestión por hacer ciudad en los límites establecidos de un municipio que siendo el de menor territorio y población, recibe un gran número de caraqueños que lo transitan a diario. Durante varios minutos el cielo, por fin bastante despejado, fue el telón de fondo de miles de luces de colores que brillaron con el estruendo de los fuegos de artificio.


Una noche, la última de 2009 que se llevó las penas y abrió las puertas de la esperanza a un país que está ávido de justicia, PAZ y progreso.


Y para que nadie gane glorias con escapulario ajeno, especialmente, para no ahondar en las confusiones que a veces tienen quienes me alegran y me honran con la lectura de estas bitácoras urbanas fuera de Venezuela, es indispensable decir que esta fiesta la organiza una gestión administrativa opuesta al gobierno central; que durante los últimos 9 años ha apostado –con más aciertos que errores– en hacer de un sector de Caracas, un territorio para la vida civil, para el respeto por el entorno del ciudadano.


Termino cayendo en un lugar que por común no deja de ser verdadero: deseándoles PAZ, mucha paz en este año recién estrenado.


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