domingo, 8 de agosto de 2010

PARKOUR EN CARACAS

El Metro es una cantera de cuentos. Profundo y lleno de anécdotas, de carotas, de empujones. Cuando iba entrando a la estación Miranda –en el trayecto de ida casi me perdí buscando la estación “Parque del Este”– escuché algo así como: Mosca, si te tiras así te vas a partir la cara. Pero el tono no llevaba ira, al contrario. Diría que mostraba más bien una cómplice advertencia. Entonces los vi. Ocupaban el pequeño espacio entre la ancha acera del edificio Parque Cristal y las escaleras que bajan al subterráneo.

Eran seis chamos, entre 11 y 17 años. Creo. Mientras la gente caminaba apurada para alcanzar las escaleras mecánicas -¡Aleluya! éstas si funcionan- ellos corrían y sin frenar se precipitaban muro arriba. La meta era alcanzar la plaza del edificio que diseñara el arquitecto Jimmy Alcock. La altura que los separa de la plaza son tres metros de concreto con una verticalidad angulosa. Esa condición es, precisamente, la que les permite hacer allí Parkour o free running, como se conoce mundialmente a estas nuevas disciplinas deportivas orientadas a desplazarse con libertad, haciendo uso de la flexibilidad de cuerpo y mente.

No sabía Raymond Belle (ex-soldado vietnamita, y miembro del cuerpo de bomberos francés) que dos décadas después de la creación de este movimiento deportivo tendría en Caracas a Mijael, Pablo, Deiby, Brando, Gianpaul y Eguard como fieles defensores de su movimiento. Me acerqué a Mijael y le pregunté si podía tomarles algunas fotos para mi blog. Me dijo encogiendo los hombros ¿Y por qué no nos tomas un video?

Así que me instalé a verlos saltar, escalar el muro y hasta apurar unos saltos mortales que quedaron congelados en mi cámara, aunque no sé qué pasó con los videos…Vi pasar dos policías de Chacao por la avenida y les pregunté a los chamos si los botarían de allí y les impedirían seguir con sus juegos extremos. Un no rotundo seguido de: “este es un lugar público y estamos haciendo deporte” fue su respuesta segura. Me dijo que también lo hacen en algunas zonas del Parque del Este. Bajé sonriente las escaleras con seis nuevos nombres apuntados en mi libreta de anotaciones y varias maromas en la memoria de mi cámara.

Cuando en la estación Chacao se alzó una tsunami de gente que arrasó con los que ocupábamos el atestado vagón y algún desesperado empezó a tocar insistentemente la alarma de emergencia, yo no sabía qué pasaba. Estaba distraida pensando en que nuestro agobiado Metro, sin proponerselo, nos regaló un espacio donde drenar adrenalina. Al abrirse las puertas en Chacaíto vi a un hombre correr y saltar esquivando todo a su paso. Su mano empuñaba una cartera que no era la suya sino de quien llevaba rato tocando insistentemente la alarma. En El Metro de Caracas los chamos se divierten haciendo running. Los choros también.

Puedes leer aquí otros post relacionados...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...