domingo, 19 de febrero de 2012

Caminando por el centro de Caracas


Fue una orden. Sí, del presidente-comandante o comandante-presidente. No un estudio de la oficina de planeamiento urbano (hace años que no existe). Ni una recomendación de arquitectos y urbanistas de la Alcaldía Metropolitana, ellos no tienen competencia, ni recursos, precisamente, en el territorio que les compete… Mucho menos el clamor de la ciudadanía harta de caminar entre buhoneros y basura. Fue una orden la que detonó la recuperación de varios edificios cercanos a la Plaza Bolívar de Caracas. Algunos funcionarios se pusieron firrrrrrrmes y los edificios que rodean nuestra Plaza Bolívar cambiaron del blanco, que todos recordamos, a mantecado cremoso, amarillo pollito y hasta guayaba.

Pero no vengo aquí a llover sobre mojado. Fundapatrimonio sigue explicando que los colores seleccionados para pintar estas edificaciones: El Palacio Municipal de Caracas; la Santa Capilla; el Correo de Carmelitas; El Palacio de las Academias, por citar algunos edificios emblemáticos del centro de Caracas, presentaban esos tonos escondidos bajos capas y capas de pintura blanca, mientras los especialistas en patrimonio arquitectónico insisten en que esa paleta será propia de Maracaibo, famosa por su estridencia de  voces y de colores, pero no de Caracas. En fin.

Vengo a recomendar montarse en el Metro, bajarse en la estación Capitolio y caminar. Caminar hasta subir las escaleras del Teatro Ayacucho que abre sus dos salas al cine desde las once de la mañana y a precios solidarios con nuestros bolsillos desinflados por la inflación.

Caminar para constatar cómo, dos años después de la expropiación del edificio La Francia lo único que hay allí ahora, es una tiendita denominada ALBA con aire habanero y precios “justos”. Caminar, para entrar en una mediocre exposición con el grandilocuente nombre de “Museo del petróleo”.

Caminar y entrar en el Palacio Municipal que tiene un patio hermosísimo y parte de la historia urbana de nuestra ciudad contada en maquetas. Caminar alrededor de la Plaza Bolívar y sentarse –aunque haya que hacer oídos sordos– a la interminable arenga musical de Alí Primera, que no descansa sino resuena eternamente por los parlantes.

Seguir caminando para entrar en ese oasis caraqueño denominado Museo Sacro y recorrer sus salas envuelto en un silencio, que sólo es posible, traspasando muros ancestrales. Sentarse en el patio y ver cómo entra el cielo sin tapujos ni rejas. Ojalá sea hora de campanadas y misa de doce en La Catedral contigua. Disfrutar de un almuerzo en el Café del Museo y salir, renovado, a comerse un chocolate de-li-cio-so en Cacao Venezuela, pasando la esquina de Gradillas. Si lo tuyo es el café pues prueba el Café Venezuela y siéntate a ver la gente pasar mientras escuchas a un violinista entonando viejas melodías…No hay apuro.

Palomas volando sobre la plaza, chocolate en tu boca. Caracas de cerquita.

También puedes conocer un sitio renovado con olor a Bolívar. Se llama La casa del vínculo y del retorno. Ese nombre se lo debe a que allí, reza un tríptico pleno de información histórica, vivía doña Luisa Bolívar quien dejó todos los vienes del Mayorazgo de la Concepción al entonces niño Simón.

Luego sigue hacia la Plaza El Venezolano con la mirada fija en las vitrinas a tu izquierda. Zapatos, bisutería china, uñas postizas ¡Presta atención! Que tu mano derecha –alzada cual visera– tape ese ¿misil? horroroso y rojinegro que hiere como lo que es, un arma, al reloj de sol de la plaza que lleva nuestro gentilicio. Te pido otro esfuerzo. Concéntrate en las tradicionales y coloridas ventas de piñatas. Cotillón, papelillo y algodón de azúcar mitigando tu tristeza porque una carpa –otra orden militar– de dimensiones colosales y, faltaba más, impresa con imágenes alusivas a nuestros gloriosos héroes decimonónicos, es la solución “temporal” a los buhoneros de la zona.

Más nada. Sólo eso.

Camina tu Centro. Hermoso. Disfruta tus 25 manzanas libres de buhoneros y de basura. Tómate una chicha o un raspao para que vayas sonriendo al encuentro de la aglomeración que te espera… El Metro de la Hoyada.

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