sábado, 4 de junio de 2016

La Nueva Caracas



Nuestro segundo #recorrido fue hacia el oeste. Allí donde vivió un vozarrón llamado José Ignacio Cabrujas, ilustre cronista de Catia y sus alrededores. Atraídos por las recomendaciones de los asistentes al primer paseo movilgráfico asistieron 47 viandantes.

La Plaza Pérez Bonalde –rareza de espacio público dedicado a un civil, en un país donde la mayoría de las plazas fueron bautizadas con charreteras y espadas–  fue el lugar elegido para que Mari Pili Salas, actriz y locutora amante de Caracas, nos leyera algunas estrofas del célebre “Vuelta a la Patria” del poeta venezolano. Varios vecinos se acercaron a compartir esta toma pacífica de una plaza, que bulle por la actividad comercial que la rodea y escucharon atentos las estrofas que LuisRa Bergolla imprimió como recuerdo del paseo.


Luego nos acogió el Mercado Municipal de Catia, cuya fachada sobresale en el perfil urbano del Bulevar. A Roberto, quien se estrenaba con este recorrido de #CCSen365 y cuya humanidad sobrepasa los dos metros de altura, le pidieron dólares varias veces. Llama la atención, que en una ciudad con una población tan heterogénea como Caracas, cada vez que alguien “distinto” se asoma a un lugar que no es “su zona” se le trate como extranjero. Como decía Mamama, mi abuela, “aquí el que no tira flechas, toca tambor”; aludiendo a la mescolanza de razas, para usar un término en desuso, pero esto ocurre porque estamos divididos en “cotos”. Esa es, precisamente, una de las metas del proyecto de LuisRa Bergolla; entender, vivir, caminar, disfrutar Caracas como lo que es, una ciudad de este a oeste y de norte a sur; con sus valles y sus colinas.

Perdonen la digresión.

Seguiré contando que desde el mercado hicimos todo el bulevar hasta llegar a Plaza Sucre y ver cómo, una vez más, los amigos de endilgarse glorias ajenas, rebautizaron la estatua de Antonio José de Sucre, la misma que está allí desde 1935, como si hubiera sido erigida en revolución.

Con solo cruzar la calle llegamos al Teatro de Catia, rescatado hace dos años e incorporado a la vida ciudadana. No abundaré en detalle de su recuperación: superficial y propagandística, pero diré en descargo que está mucho mejor que cuando fue sede de una venta de ropa, además, la comunidad lo disfruta realizando allí diversas actividades culturales y académicas.

Dimos un pequeño rodeo a la calle más pintoresca de Catia, la calle Maury con sus arcos coloridos destacados a pesar de las rejas. Qué decir del bar El Torero, suerte de memorabilia catiense, donde se liban néctares espirituosos. Habrá que volver, en el horario de apertura.

Aunque el cansancio de la caminata se hacía sentir nos esperaban dos joyas: la Escuela Miguel Antonio Caro, de Luis Malausena y el Parque del Oeste

La primera mantiene su dignidad académica a pesar del tiempo y la pátina del descuido. El parque merece mención especial ya que conserva dos tradiciones muy caraqueñas: el vuelo de papagayos y las fiestas de cumpleaños. Cerramos nuestra gira disfrutando de la hermosísima cubierta en concreto plegado que diseñara Alejandro Pietri para las estaciones del teleférico. La que allí se encuentra fue un ensayo en lo que antiguamente eran los terrenos del Ministerio de Obras Públicas. Mudado el ministerio y listo el parque cubre una cancha de usos múltiples bien llamada “la cancha acústica”.


Esta zona de gran extensión alberga varios de los más grandes desarrollos de vivienda obrera de Caracas: el 23 de enero, Casalta, Rafael Urdaneta y Ciudad tablita convirtiendo a Caracas, en su momento en un laboratorio de modernidad, en esta ocasión como “ciudad obrera”; hoy son testigo de cuando en Caracas la vivienda masiva se planificaba, aún con las contradicciones propias de las teorías racionalistas.

 

Quedó fuera una perla, la iglesia de Pagüita, de Juan Hurtado Manrique. 

Reducto de paz muy cerca de la estación Caño Amarillo, esa, donde el Metro deja de ser subterráneo y se llena de luz tropical. 

Pero sembramos la semilla… Vamos al oeste fue la consigna cumplida a cabalidad.

El próximo es Hacia El Paraíso. ¿Quién podrá resstirse?





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