sábado, 26 de agosto de 2017

PRIMERA VEZ


No recuerdo dónde leí esto, pero me vino a la mente cuando empecé a escribir sobre las primeras veces… se refiere, por supuesto, a no anclarse, a reinventarse tan frecuentemente como se pueda y bueno, emigrar es una forma de reinventarse. Es un salto al vacío, un camino incierto; empedrado de dudas pero guiado por esperanzas. Así que decidí escribir sobre mis últimas primeras veces, porque sobre las primeras: mi primer beso, mi primer y único matrimonio, mi primer carro, mi primer viaje, mi primer trabajo, mi primer orgasmo hay un denso velo tejido por el tiempo y la distancia.

Debo confesar que a mí me gustan mucho las primeras veces. Me gusta recomenzar, sorprenderme, retarme; soy como una especie de Eva cada día. Y más ahora que he dejado todo lo conocido para insertarme en esta lejura austral; en esta ciudad de mil caras, en este Santiago, no de León sino de Chile. ¿Será casual haber  venido a una ciudad que se llama igual a la mía sin serlo? Recito entonces una especie de trabalenguas urbano: de Santiago a Santiago. No me he ido Caracas, aquí estoy. No veo El Ávila, sinuoso y verde, pero hay una gran montaña a mi alrededor. Una silueta escarpada que –me dicen– cambia de color de acuerdo a las estaciones. Por cierto, estoy viviendo por primera vez el otoño. Y me maravillo del cambio de tonos,  verdes por ocres, no así del cambio de temperatura. Nunca me quejé del calor durante el reciente verano, hubiera sido quejarme de mi propia condición caribe, de la temperatura a la que está habituada mi piel, de mi termostato caraqueño.

Por primera vez llego a trabajar a una ciudad donde no conozco a nadie. Y trabajando  en ventas eso, “conocer” es determinante. Las ventas están basadas en las relaciones: de la familia, del colegio, de la universidad y de los anteriores trabajos. Así que llegué aquí sin saber cómo se llamaban los arquitectos, los constructores, los inversionistas. Ahora no soy Eva, soy Pedro de Valdivia y pregunto todo. ¿Quiénes son los Larraín, quiénes los Undurraga? ¿Quiénes son los arquitectos contemporáneos? Así Google se ha convertido en aliado y he dedicado horas a navegar esas aguas para ponerles rostro a los constructores de esta ciudad, a los edificios emblemáticos, a las calles y avenidas que la cruzan porque, para vender hay que patear calles, subirse al Metro y montarse en Micro. Por primera vez uso también mi celular para llamar un Uber. No hay en Caracas esta facilidad por una razón que ha empujado a muchos a irse, también, por primera vez de su país; la inseguridad.


Así que aquí estoy, rodeada de primeras veces y esperando me resulten tan gratas como inolvidables.

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