domingo, 23 de marzo de 2008

MIÉRCOLES SANTO

Cuando la fe se viste de morado no importa si se vive en una atribulada ciudad como Caracas para pagarle una promesa al Nazareno. El miércoles santo se dedica a consagrarlo a Dios y a elevarle una plegaria para pedir un favor, una gracia.

A las 11:30 de la mañana la cola de fieles para entrar a la Iglesia de Santa Teresa ocupaba varias cuadras. También se organizó una fila preferencial para los penitentes de la juventud prolongada. Una multitud organizada y custodiada por la policía y los bomberos metropolitanos, esperaba con paciencia su turno de pasar al templo a contemplar la imagen del Nazareno, que se encuentra allí desde el 27 de abril de 1880, año en que fue inaugurada por el General Antonio Guzmán Blanco, quien la construyó en honor a su esposa Ana Teresa que no dejaba de llorar la demolición del antiguo templo.
Ancianos, mujeres y niños vistiendo alguna prenda del venerado color morado aprovechaban también para adquirir toda suerte de "mercancía" religiosa en esa acostumbrada mezcla de fe y superchería. Estampitas; imágenes de vírgenes y santos; ruda; jengibre; palmas benditas trenzadas con espigas; pencas de sábila con cuerdita roja -para el mal de ojo-; velas moradas de todos los tamaños; incienso; mirra y estoraque. De este último me llamó la atención su aspecto -desconocido por mí- como de piedrita desecha. El grato olor a templo, a recogimiento que despide la mezcla de estas tres sustancias se esparcía por toda la calle y volaba sin obstáculos entre las columnatas de los edificios del Centro Simón Bolívar y los puestos de economía informal.

Hasta la Plaza Bolívar, La Catedral y el Templo de San Francisco llegaron los nazarenos urbanos. Cargaban sus niños, sus coches, alguno mandaba un mensaje de texto desde su celular, creando así una contemporánea fusión de fe y tecnología de punta.

Otros incluso, sumaron a su recorrido el sacrificio de andar descalzos por esas calles y aceras del centro de Caracas que los acogieron bajo un espléndido sol de miércoles de Semana Santa. La fe sigue intacta en el cuerpo y en la mente de muchos pobladores de esta ciudad bendita. Así sea.

Fotografías: Adriana Bracho

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