domingo, 8 de mayo de 2011

¿Bancos? ¡Para qué!

Es fácil ilusionarse. Camino por Las Mercedes eludiendo huecos, esquivando alcantarillas destapadas, sorteando truncos árboles porque un hacha certera resolvió con un golpe, el error de quien seleccionó una especie inadecuada cuyas raíces impetuosas hicieron explotar aceras y brocales. De pronto veo que junto a un nuevo edificio crece una acera más ancha de la que estoy usando y cruzo la calle. No todo está perdido.
El Tolón II es obra del Fondo de Valores Inmobiliarios. Mismo ente que construyera hace más de una década el C.C. San Ignacio, conjunto arquitectónico creado por Carlos Gómez De Llarena, que le otorgó a nuestra ciudad una obra generosa, integrada al paisaje, desde cuyas terrazas puede el visitante elegir entre El Ávila al norte y el casco de Chacao al sur. Me acerco. Bordeando las vitrinas de la fachada norte hay un banco, cuyo diseño incluye algunas rejillas que presumo son para ventilación de los sótanos de estacionamiento. Pero obviamente no fue eso lo que llamó mi atención, sino unos elementos metálicos, agresivos, que se suceden en toda la superficie de lo que yo "creí", era un banco. Fue grande mi sombro. Los labios del trabajador que fijaba estos metales enmudecieron ante mi pregunta ¿para qué es esto? Dijo no sé, pero era obvio que sí sabía. Sabía que estaba instalando un material especificado para impedir que alguien se siente allí. Está siguiendo las órdenes de ¿un arquitecto? ¿de un promotor? que le cierra otra puerta a la civilidad, a la vida pública en nuestra ciudad. Seguramente los asesores de seguridad, esos mismos que nos llenan las puertas de rejas, los muros de alambres electrificados, los vidrios de alarmas, ordenaron cortar toda posibilidad de encuentro sobre esa acera ancha.

Grupos de adolescentes chateando desde sus celulares, riéndose -como lo hacen en las aceras del San Ignacio- o alguna madre probando un helado, mientras su bebé disfruta de nuestro sol caraqueño, son una amenaza para los que vivirán allí; porque este Tólón II es un conjunto de vivienda con comercio en planta baja. Esa tipología de uso mixto tan exitosa en Chacao, en Los Palos Grandes, en La Candelaria, en Bello Monte, y de la que no teníamos noticias desde que hacer vivienda multifamiliar se convirtió en apilar apartamentos cuyo basamento son los puestos de estacionamiento.

Pero ahora entiendo. ¿Cómo el grupo inmobiliario que nos ofreció amplias aceras, suerte de Gran Café en Las Mercedes, el primer Tolón, fue convirtiendo esas "aceras" en tarimas cercadas, techadas, a las que sólo se accede desde el interior del centro comercial iba a tener un gesto amable con nosotros, los ciudadanos, en la era de la inseguridad?
Me pregunto: ¿qué dice la alcaldía de Baruta? Y me respondo: nada. Esa es la misma alcaldía que permitió, durante todo el tiempo que duró esta obra, que el terreno de enfrente lo convirtieran en un botadero de escombros. Y ahora, una vez eliminados esos escombros exhibe, orgulloso, todo su esplendor de desidia, de abandono. Una fachada deshecha y un montón de tierra a la vista de todos sería la vista de quienes se sentaran en esos bancos que nunca fueron. Después de todo, es mejor ver hacia las vitrinas.

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