martes, 17 de enero de 2012

¡Al fin entendimos!


                                                        Fotografía: Enrique Larrañaga

En la planta baja de un edificio lamentable por su "geometría" y su pésima factura constructiva han inaugurado un café volcado sobre la generosa acera de la avenida Francisco de Miranda. Un suceso. Tomar café, desayunar, almorzar algo ligero -ojalá cenar- en uno de los espacios públicos más transitados de nuestra ciudad es para celebrarlo. Esta bloguera desea que la idea cunda a lo largo del recorrido Chacaito-Los Palos Grandes, que es el territorio que abarca, por ahora, el ensanche de la avenida. ¿Qué esperan en el municipio Sucre para alargarlo hasta Petare?
La oferta gastronómica es sencilla: sanduches, pastelitos, ensaladas de fruta, postres, jugos y café pero la atención es buena y está literalmente sumergido en la energía vital de esta avenida importantísima que corre paralela a El Güaire. Eso sí, la conversa compite con cornetas de autobuses, carros y motorizados. Ese es el precio. ¡Nada alto si de disfrutar nuestro clima comiendo al aire libre se trata!Esta imagen del edificio en construccion es cortesía de Roberto Echeto. Que no se diga que no sabíamos cómo iba quedando.

8 comentarios:

  1. Mitchele, estoy de acuerdo contigo. Ese edificio es un mamotreto espantoso, pero esa cafetería en su fachada es un regalo (seguramente inconsciente) a los miles de transeúntes que pasamos todos los días por ahí.

    No acentuemos demasiado los elogios porque seguramente lo quitan para poner otro atractor de gente fea como es la pizzería que está en la entrada del Centro Perú, entre la clásica Don Corleone y la tienda de pinturas Montana.

    Saludos, Mitchele, y me alegra no sentirme solo en mi percepción de adefesios.

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  2. Bueno Echeto, tienen tarea: tomarle foto a ese adefesio ya que veo que frecuentas más la zonas que yo. Eso sí, has énfasis en la parábola. Suerte!

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  3. El edificio es realmente repugnante. Rompe el horizonte sobre Chacao central como una verdadera agresión al contexto. Desde el Centro San Ignacio se aprecia todo su horror. En cuanto a ese café, bueno, no sé hasta qué punto el smog y el cornetazo permiten disfrutarlo. Lamento no tener un comentario más auspicioso, pero qué se va a hacer.

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  4. El ruido y el humo forman parte de nuestras vidas. No se pueden evitar, a menos que nos convirtamos en pastores o en un anacoretas y vivamos en una gruta perdida en el monte.

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  5. Así es Echeto. William Niño decía que vivir en la ciudad implica ser parte del ruido y del humo.

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  6. Hola, Mitchele, tu blog es estupendo. A propósito de este edificio, lo veo a diario, en la ruta hacia mi trabajo, y ya es un hábito repetir la frase "¡Qué cosa tan fea!", porque no me canso de verlo y preguntarme en qué rayos pensaba el arquitecto cuando hizo el diseño, y cómo logró convencer al propietario de que lo aceptara.
    Saludos.

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  7. No sé qué imagen es más aterradora...la de Echeto o la de Enrique.
    Ayer miré la foto en facebook y soñé con el edificio.
    Se movía.
    ¿Qué había antes allí?

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  8. Anónimo9:10:00

    Hola Mitchelle, este edificio es uno de los encuentros más desagradables que he tenido con Caracas en años. Sin embargo, estoy de acuerdo con la validez de un café al aire libre. Me senté allí a tomarme un jugo hace dos semanas y disfruté uno de mis pasatiempos favoritos: ver a los transeúntes pasar la avenida, algo que podría considerarse un ejercicio inútil pero me ha servido muchísimo.
    Me di cuenta de que no es mayor el smog o el ruido que padeces al estar sentado en un bar de esta categoría en la avenida Corrientes en Buenos Aires o en alguna avenida de México DF. Y sin embargo escuchas a muchos compatriotas señalando las virtudes de esas megalópolis, tal vez disminuyendo nuestras pequeñas pero no menos gratas iniciativas.
    A nuestra ciudad le hacen falta más cafés al aire libre, tal vez sea la única manera de que la gente se baje de su vehículo o se detenga de su caminata psicótica.

    Otra cosa es el edificio, diseñado por el staff del IPH. Fue construido por una empresa local que ha tenido varios problemas con los sindicatos de obreros y luego con Cadivi: tuvieron que "adaptarse" a la oferta de materiales locales que, por lo visto, no se "adaptan" a los proyectos foráneos. Si nos pusiéramos a estudiar la historia de este edificio, del lote, de la permisología de la Alcaldía, del documento catastral y de su proceso de realización, tendríamos un retrato bastante elocuente de lo que sucede con nuestra arquitectura y con nuestra urbe. Y aunque parezca consuelo de tontos, les aseguro que no pasan cosas muy distintas acá en Buenos Aires ni en otras ciudades en donde he estado en los últimos tiempos.
    Un abrazote,
    Marsolaire

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