sábado, 11 de octubre de 2008

Oriol Bohigas


Hablaré catalán
porque quiero decir
en tu idioma
montones de cosas…
Hablaré catalán
y me voy a aprender
un millón de palabras hermosas
Para entonces decir
qué bonito es Montjuic
y que gran catedral es Gaudí
...Hablaré catalán
Aldemaro Romero

El lunes 6 a las 7:00pm en el auditorio del IESA no cabía ni un alma. No era para menos. Comenzaba la anunciada conferencia magistral del arquitecto catalán Oriol Bohigas. Fue inútil la cordial invitación que hiciera la representante de la Fundación para la Cultura Urbana a los que estábamos de pie: “Si se dirigen a otro auditorio podrán ver la conferencia en regios monitores, cómodamente instalados”. Nadie se movió. No todos los días llega por estos lares un gigante de la arquitectura y el urbanismo así que había que verlo y oírlo en vivo y directo.

Bohigas venía precedido por sus candentes declaraciones a la prensa (en el post anterior, di cuenta de una de ellas publicada en El Universal). También se había reunido en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV con un grupo de estudiantes y profesores que le salieron al paso cuando disparó su tesis en contra de la autonomía universitaria. Mala puntería. Hace pocos días otras balas segaron la vida de dos estudiantes. El domingo, compartió con el aspirante del partido oficialista a la Alcaldía Mayor para las próximas elecciones y con algunos arquitectos afines al gobierno.

Yo iba dispuesta a todo. Es decir estaba resignada a escuchar de viva voz lo que ya había leído: un regaño proverbial en el que saldría muy mal parada mi querida ciudad y sus “planificadores”. El calificativo “anticiudad” que saltó días antes de su boca a la libreta de la joven periodista Mirelis Morales todavía me azotaba el alma. Sin embargo, después de las presentaciones de rigor, el Bohigas que hablaba desde el podium era otro.

Su voz queda y monótona –uso el término sin ánimo peyorativo, en su más pura acepción de uniformidad– aunada a un déficit de audio, generó algunas protestas. Pero a medida que transcurría la charla me sorprendía escuchando más a un catedrático aburrido de repetir mil veces la misma teoría que al revolucionario urbanista que, con sus ideas innovadoras, cambió para siempre la vida de Barcelona y sus habitantes.

No sé si fue el cansancio de varios días de incesantes preguntas –de difícil respuesta– o la antipática exigencia de la “receta fácil” que nos sacaría del caos. Acaso el agobio de quedar atrapado en alguna de nuestras interminables trancas, no es fácil para alguien que defiende al peatón desplazarse en una ciudad donde el carro es el rey porque la gasolina es más barata que el agua. Quizás fue el llamado a la moderación que le hiciera un amigo caraqueño al que tenía tiempo sin ver. En fin. Lo cierto es que Bohigas esa noche fue más académico y menos regañón.

Siempre que veo fotografías de Barcelona, su rambla y sus calles llenas de gente a toda hora; la Sagrada Familia suerte de rompecabezas inacabado que legó Gaudí; sus faroles góticos iluminando edificios contemporáneos; su acento en la ELE y su estatua de Colón que como un faro guía a los turistas, me lleno de admiración por una ciudad que vive para reinventarse. El equipo imbatible que conforman Estado-promotores-profesionales-vecinos sigue dando sus frutos.

Oriol Bohigas ha apostado a privilegiar el espacio público para el disfrute del ciudadano común rompiendo las reglas de los grandes planes maestros. Sus recomendaciones apuntan a pequeñas soluciones enmarcadas dentro de zonas controladas para crear efectos positivos que irradien al resto del territorio. No suena inalcanzable ni demasiado lejano.

Actualmente Caracas es un caldero de cotufas. Todo es ruido y formas azarosas. Explotan urbanizaciones sin control, sin servicio alguno y si lo dudan, pregúntenles a los vecinos del sureste. La Carlota, una oportunidad única por sus dimensiones, por su situación estratégica es un barco a la deriva. También hay otros barcos a punto de encallar. Sin embargo, en los bordes de la avenida Francisco de Miranda la Alcaldía de Chacao y el arquitecto Carlos Agel tejen un verdadero espacio público que ha crecido silenciosamente.

En Los Dos Caminos una exitosa gestión de la Alcaldía de Sucre y los arquitectos Oscar Capiello y Francisco Pimentel está generando una hermosa plaza junto al centro comercial Millenium.

Tal vez en Las Mercedes la alfombra roja que el arquitecto Jimmy Alcock creó para su centro, remate sus bordes con la caminería que están construyendo.

Y ese balcón que el arquitecto Oscar Tenreiro tiñó de azul mejore sensiblemente la calidad de vida de los habitantes de las Minas de Baruta.

Tal vez, tal vez…

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