sábado, 12 de diciembre de 2009

HÉCTOR ABAD FACIOLINCE



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“Mi papá siempre pensó,
y yo le creo y lo imito,
que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo.”

EL OLVIDO QUE SEREMOS.
Editorial Planeta 2006

De todas las frases que encontré subrayadas en mi ejemplar autografiado por el autor de “El olvido que seremos” me quedé con la que uso como epígrafe de esta crónica. Como esto es un blog, o sea, una bitácora personal, puedo decir sin pudor que me identifico con ella y la ejerzo con terquedad. Incluso ahora que mi exceso de mimos se enfrenta, estoicamente, al muro de concreto de una adolescente.

Pero volvamos al libro. Recorrí apenas sus páginas con el fin de acentuar el dulce recuerdo que tengo de ellas tres años después de haberlas leído. No fue fácil, porque ese libro es la crónica minuciosa, entrañable de una familia que vive las angustias y alegrías de muchas familias pero sumida en la realidad de un país en guerra, así que me detuve una y otra vez en algunas de ellas. Una crónica escrita por un hombre sensible, único varón que creció rodeado de seis hermanas, madre, abuelas y un padre hiperbólicamente cariñoso. Un padre proveedor de afecto, conocimientos, paciencia y comprensión a raudales. Un padre guía, referencia de incuestionable honestidad que murió asesinado por la vileza y la intolerancia. Y un hijo que conjura su angustia por la falta de memoria –según él– recreando anécdotas familiares gracias a la memoria que le prestan sus hermanas.
Todo esto viene a cuento porque ayer estuvo en Kalathos –la hermosísima librería recién estrenada en Los Galpones de Los Chorros– Héctor Abad Faciolince, escritor colombiano nacido en Medellín el año ’58 pero ciudadano del mundo. Viajero incansable, lector voraz, articulista de El Espectador, conversador sincero. Un escritor, que como dijera una vez Rafael Osío Cabrices, posee la rara virtud de juntar en el mismo bando la crítica literaria y el tin tin incesante de la caja registradora, porque sus libros son éxito seguro en ventas y en loas de los opinadores literarios. No es poca cosa.

La concurrencia, en su gran mayoría era femenina. Y cómo. Un autor que sobrevivió al rechazo reiterado de 9 editoriales para su “Tratado de culinaria para mujeres tristes” y que, finalmente, lo vio salir de la imprenta gracias a los favores de una mujer amada, definitivamente, sabe hablarle a las mujeres. Un hombre que derrama sensibilidad en cada palabra, en cada gesto amable, en cada guiño auténtico tiene ganada la fanaticada femenina.

El escritor y editor Antonio López Ortega nos llevó en un paseo breve por la obra de Héctor Abad Faciolince, y fue breve no porque su obra lo sea, sino porque –lamentablemente– hay muy pocos títulos de Héctor en las librerías venezolanas. Podemos encontrar “Angosta”, la parábola ficcional de una ciudad escindida en el límite de la locura colectiva y devorada por el rechazo al “distinto”, donde se mueven personajes inolvidables que luchan por sobrevivir a la hostilidad reinante. María Ángeles Octavio, en primera fila, acotó que esta novela fue traducida al chino y publicada con sobrado éxito en el país-continente. Como todo lo que se hace en China fueron 10.000 los ejemplares que se imprimieron. “Más que en Colombia”, –se ríe Héctor.
Fotografía de JairoB: http://www.flickr.com/photos/jairob/4087874700/in/set-72157622639455515/

Quedan en Kalathos algunos ejemplares de “Oriente empieza en El Cairo”. Una crónica-relato (no es fácil, ni es la idea etiquetar los géneros a los que pertenecen los libros, sólo lo hago para arrojar un poquito de luz a los interesados) que escribió luego de dos meses de estadía en la antigua ciudad de los faraones. Donde el protagonista viaja acompañado de dos esposas tan distintas como antagónicas.

Para acceder a los otros textos que ha escrito Abad Faciolince: “El Tratado de culinaria para mujeres tristes” (1996), “Asuntos de un hidalgo disoluto” (1994), “Fragmentos de amor furtivo” (1998) y “Basura” (2000), además de un libro de cuentos, “Malos pensamientos” (1991), su diccionario personal “Palabras sueltas” (2002) y sus dos últimos títulos recién publicados en el vecino país, hay que acudir a los menguados dólares de CADIVI o irse a Colombia y traérselos en la maleta. Pero valdrá la pena. No hace falta ser mujer, ni estar triste.

Librería KALTHOS: Centro de Arte Los Galpones, 8a. transversal de Los Chorros.

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