domingo, 13 de diciembre de 2009

MERCADOS DEL GUSTO


En Caracas siempre se ha comido rico. Lo afirman no sólo los caraqueños que comen fuera con frecuencia sino los que viniendo de otras ciudades, incluso más grandes y más cosmopolitas aseguran que aquí tenemos una gran variedad de lugares donde disfrutar de la buena mesa. La oferta gastronómica local ha crecido en restaurantes y cafés pero también en franquicias de origen venezolano. A todo esto hay que sumarle las propuestas de pequeños cocineros, reposteros y recreadores del sabor venezolano que hacen maravillas fusionando lo local con lo importado. Perfecto maridaje entre criollo y foráneo, un reflejo gastronómico del crisol que somos.

A pesar de la crisis política, social y económica en la que estamos inmersos desde hace demasiado tiempo -o precisamente por eso- ha crecido una imparable ola de diseño lúdico e inteligente que se desborda en mercados llenos de objetos utilitarios y artísticos, que no cree en camisas de fuerza ni corsés asfixiantes. Y esa ola creativa inundó a los cocineros. No podía ser de otra manera. Que la torta negra, las trufas y las polvorosas encontraran envases primorosos, era sólo cuestión de tiempo. Que el tradicional dulce de lechosa se convirtiera en delicada serpentina era inevitable. Que el mejor cacao del mundo se perfumara con cilantro y tocineta era absolutamente necesario.

Así que quiso el azar –o las festividades navideñas– que coincidieran en nuestra ciudad el mismo día, dos mercados dedicados al sublime placer de comer delicioso y a la vez adquirir todas esas delicateses preparadas con esmero para ofrecer a los que más queremos. Porque cocinar es un acto de amor y regalar galletas perfumadas de clavo y canela; quesos de cabra y especias o trufas de mandarina es regalar amor.

Cómeme, Mercado del gusto. Una iniciativa de Paola Bertorelli y Lorna Hevia que tuvo desde sus inicios el apoyo del reconocido chef Carlos García (Restaurant Alto, Los Palos Grandes).

Sobre la grama de la misma casa amable de La Castellana que vio nacer el primero de los mercados de diseño de Caracas, -el célebre Guayoyo- se sirvieron refrescantes sorbetes de frutas frescas en tinita de vibrantes colores cítricos. Pasapalos de frutos del mar, caviar de berenjenas, quiches y empanaditas chilenas, todo regado con jugo de parchita espirituosa y helada. Los ponqués decorados por Dushidesign merecen mención especial; tal es la hermosura multicolor en que convierten un sencillo ponqué. O las trufas de chocolate y parchita de Karina Pugh ¡Ni hablar de los picantes! Auténtico trabajo de antropología culinaria realizado para difundir nuestras recetas ancestrales. Ayer fue un día donde la conversación entre amigos se hizo al calor no de una, sino de varias mesas dispuestas para ello.

Delicarte. En uno de los Galpones de Los Chorros se congregó una buena cantidad de creativos de los sabores para ofrecer té, ensaladas, vinagretas, mascarponi de colores alucinantes; galletas de avena chispeadas de canela, y de mantequilla con lunares de chocolate; suaves y aromáticos quesos de cabra; bocconcini en aceite de oliva, albahaca y tomate seco, ¡Ummm!! Terrines de pavo, jamón cocido, cremitas de aceituna y berenjena sobre mini tortas de casabe y los infaltables tequeños… Para acompañar, vinos de la casa Pomar, agua de burbujas chispeantes y cerveza helada.

¡Lo dije y lo sostengo en Caracas se come muy rico! En Imágenes urbanas esperamos que esta sea apenas la primera de muchas convocatorias para disfrutar de nuestros sabores.

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