domingo, 14 de febrero de 2010

Foto reportaje

Últimamente todo me sale triste. Así que aquí va con pocas palabras un conjunto de imágenes urbanas que creo describen pos sí mismas nuestra actual situación en Caracas.
La foto de arriba ilustra algo inusual: la Avenida Libertador casi vacía. Por la luz cegadora que la ilumina -misma que nos ha acompañado desde que comenzó el año- se descarta la madrugada...
Así están el tráfico y nuestras señales de tránsito...

A falta de transporte público organizado, eficiente, limpio y mucho menos puntual ha proliferado el uso de la moto. No es raro ver familias completas desplazarse en ellas por calles y avenidas.

Campañas personales como ésta -a falta de las oficiales- llaman a la conservación de nuestras especies más vulnerables.

Cuando el tráfico cansa, molesta, abruma, desespera se puede escapar una sonrisa gracias al ingenio de algún graffittero.

Los caraqueños sabemos -de sobra- cómo nos afecta el problema de la basura; la falta de políticas públicas de reciclaje, clasificación y recolección de desechos; la total ausencia de educación a una ciudadanía acosada por los desperdicios. Esta imagen recoge la montaña de basura apostada sobre la acera que da acceso a un centro de salud.

Prohibido VOTAR basura reza el cartel improvisado por algún ciudadano desesperado. Nadie le hace caso siguen VOTANDO basura.

Esta ventana abre la vista a El Ávila desde la espléndida terraza del Centro Comercial San Ignacio. Lástima que esté flanqueada por un par de imágenes publicitarias que nada aportan...
Yo insisto: ¿Dónde está la estatua de Colón?
El Soto de la plaza Brion de Chacaito, esplende en esta hermosa foto de Olga Fuchs. Una obra que es testigo silente de la época en que el Metro no sólo construía túneles subterráneos, sino que hacía ciudad.
Arturo Rus Aguilera es el autor de este Francisco de Miranda que destaca en uno de los momentos más hermosos de la estatuaria caraqueña. Por suerte, la Alcaldía de Chacao vela por su buen estado.

Todas las plagas urbanas se dieron cita en estos muros que rodean unos edificios de vivienda al sureste caraqueño: rayas y más rayas -me niego a llamar graffitti a semejante abuso atomizado-rejas, serpentín eléctrico y vandalismo en frustrado intento por llevarse el letrero.

A la escasa fluidez del tránsito local se suman estas vallas ambulantes que llevan sobre ruedas su mercadería publicitaria. Insólito. Esta imagen fue tomada a las 7:00 a.m. nada menos que en el bolulevard de El Cafetal; una de las zonas más castigadas por la saturación vehicular. Con las recientes medidas tomadas en contra de la iluminación de vallas publicitarias, pronto aumentará su uso, total lo que consumen viene de las baterías del camión. El tráfico no merece ahorro.

Hay varias maneras de tratar los muros... improvisando arcoiris en plena autopista ...

...o llamando a un concurso y construyendo una propuesta coherente y llena de vitalidad cromática como este mural de la artista venezolana Patricia Van Dalen por encargo de la alcaldía de Baruta.

Sin comentarios...

domingo, 17 de enero de 2010

BOGOTÁ, 2.600 metros más cerca de las estrellas.

LA CIUDAD ASEADA. Había una vez una ciudad muy sucia, y los habitantes no se daban cuenta; entonces, todos empezaron a enfermar y preguntaban: ¿Por qué todos tenían la misma enfermedad? Le preguntaron a la persona más sabia, y él les dijo que era por la suciedad en que vivían. Todos los habitantes se pusieron de acuerdo y la asearon.
Quedó limpia la ciudad.

Leidy Camila Contreras (6 años)
(Cuento de una de las ganadoras del concurso convocado por la Secretaría Distrital de Ambiente y Bibliored, para que los niños bogotanos escribieran su visión particular de la ciudad.)
Me siento a escribir esta crónica pocas horas después de haber dejado Bogotá. Así que aún están frescos en mi piel el frío seco de enero y el trato cordial y respetuoso de su gente.

Estuve allí hace 9 años en vuelo rasante; precisamente, en pleno período del gobierno municipal de Enrique Peñalosa Londoño quien sentó importantes precedentes de renovación urbana en una gestión creativa y exitosa que siguieron sus compatriotas Antanas Mockus, Luís Eduardo Garzón y que continúa en la actualidad Samuel Moreno.

El cambio positivo se percibe a simple vista. Se hace más evidente mientras me acerco, la recorro, la voy re-descubriendo amplia, limpia, amable. Y digo amable con plena consciencia de lo que significa ver apostados en cada esquina varios oficiales armados. De lo que impacta tener que abrir la cartera cuando accedes a un centro comercial, a un museo, a un banco. De lo que golpea ver a cada chofer bajarse de su carro para abrir la maleta antes de entrar a un estacionamiento.
No ha sido tarea fácil hacer ciudad para más de 7 millones de habitantes en una sabana limitada por la verde sierra de un país asediado por la violencia. Pero lo van logrando. Con planificación urbana a corto, mediano y largo plazo. Con creatividad. Son antológicas las anécdotas sobre el comportamiento “poco ortodoxo” del alcalde Mockus durante su primer gobierno en el año 1995. Ir a su despacho en bicicleta; implantar la hora zanahoria o educar para reducir el consumo de agua. Desde entonces y hasta ahora, los cambios han ido in crescendo y sus sucesores –especialmente Peñalosa– redundan en aplicar medidas beneficiosas para la ciudad y quienes allí hacen vida.

Recorrer el barrio La Candelaria cuyo corazón es la Plaza de Bolívar, supone un paseo por diversos estilos arquitectónicos que reflejan bien las diferentes épocas en las que fueron construidos. La que fuera plaza mayor del mercado en tiempos coloniales ha sufrido con el transcurrir del tiempo no pocas modificaciones. Desde 1946 ostenta en su centro una pequeña estatua de El Libertador obra del escultor genovés Pietro Tenerani y es un espacio público de exclusivo uso peatonal. Entre los fotógrafos que encontré allí, estaba una viejita armada con una pequeña cámara digital. Su ayudante, un niño, corría con la tarjeta de memoria hasta el sitio donde lo esperaba una impresora y regresaba, a toda velocidad, a entregarte la foto a full color.
Sobre la cara norte de la plaza se encuentra el monumental edificio sede del Palacio de Justicia, construido en 1989 tras la destrucción de que fuera objeto el anterior por la toma del movimiento guerrillero M19, en 1985. Este hecho dejó su impronta de terror: decenas de muertos y lesionados.

Al sur se alza una mole estilo neoclásico en piedra amarilla, es el edificio del Congreso. Su construcción tomó largos 80 años debido a múltiples razones de índole político. Sobre el occidente se encuentra el Palacio Lievano en estilo renacentista francés obra del arquitecto Gastón Lelarge y desde allí, despacha actualmente el alcalde mayor de la ciudad.La Catedral, ubicada en la cara oriental de la plaza exhibe su estilo herreriano de principios del siglo XIX. Su estoica fachada de piedra ennegrecida por el tiempo recorta un cielo azul al que no empaña ni una nube. Las palomas de siempre se abalanzan sobre los granos de maíz que repican contra el pavimento. Dos torres, sendos campanarios y relieves neoclásicos contrastan con la humilde presencia de la Capilla del Sagrario; única sobreviviente de las construcciones del siglo XVII en este entorno de disímil e imponente armonía.

Siguen varias calles rodeadas de casas de estilo colonial y republicano, aquí y allá se asoma una más reciente. Balcones de madera, rejas de hierro forjado, colores contrastantes, ventanas y poyos evocadores de tiempos a caballo. Me llamó la atención la casona donde se hospedaba Bolívar una de las veces que estuvo a punto de sufrir un atentado y desde donde fue “empujado”, para su salvación, por la fiel Manuelita. La placa en la fachada no deja dudas para los que leen latín.
La casa donde vivía Manuela Sáenz queda a pocos pasos de aquella y abre sus puertas a un patio florido. Algunos vendedores ambulantes ofrecen su mercancía sencilla: cigarrillos, dulces criollos –algunos de leche, guayaba y coco- muy parecidos a los nuestros.
Las veces que he viajado a Quito y a Bogotá, me reencuentro con ese Bolívar respetado, recordado con agradecimiento que dibujan colombianos y ecuatorianos, una percepción lejana del hartazgo al que nos tiene sometidos en Venezuela. Así que esta vez me dispuse a conocer La Quinta donde pasó El Libertador algunas temporadas en sus viajes a Bogotá.

Esta casona que fuera construida para agasajar a la esposa del Virrey Antonio Amar y Borbón, después de la independencia fue adquirida por el gobierno de la Nueva Granada y obsequiada al “dios de Colombia”, según rezaba una inscripción en el comedor. Hoy, es un museo que exhibe el mobiliario y evoca las actividades, bailes, juegos y tertulias con las que se solazaba Bolívar entre intensos viajes y vehemencia política.Un detalle, a la plaza de armas que forma parte de sus espacios abiertos no ha llegado aún la orden oficial del cambio del Escudo Nacional de Venezuela. Es decir, el caballo sigue cabalgando hacia adelante…

De libros y bibliotecas públicas Bogotá tiene un saco. No es inmerecido que fuera denominada por la UNESCO capital mundial del libro en 2007. Así que me encaminé a la Librería del Fondo de cultura económica ubicada en el Centro Cultural García Márquez, obra del reconocidísimo arquitecto colombiano Rogelio Salmona. Sus 9.000 m2 albergan cine, cafetería, restaurant, galería de arte y un espacio especialmente dedicado a los locos bajitos. El geométrico recorrido del agua bordeando pavimentos de ladrillo –típico del lenguaje de Salmona– está presente en este templo de las letras donde pueden encontrarse más de 50.000 títulos.

Pero así como el centro cultural se alza en pleno casco histórico y en mi humilde opinión avasalla el entorno urbano, la biblioteca Virgilio Barco en el corazón geográfico de la ciudad, contigua a la enorme mancha verde del Parque Simón Bolívar, ofrece al visitante un solaz, una paz donde se funden el adentro y el afuera.

En esta edificación el ladrillo trepa paredes, cubre pavimentos, recorre caminerías, borda muros, abre vacíos geométricos como sólo un maestro en el uso de este noble material puede hacerlo. Sus amplios espacios sirven tanto a quien va a perderse entre las páginas de un libro como a quien busca, fuera de sus muros la calma de los senderos verdes rodeados del agua que cae, divertida en lúdicos niveles.

No es fácil acatar las normas que invitan a los asistentes a usar las veredas permitidas. A cada rato surge un niño, un adolescente, con alguna frecuencia un adulto, que se balancea sobre los mínimos bordes de concreto esquivando humedades. La edificación parece levitar sobre el espejo de agua que la circunda como se suspende la vida del lector absorto en una historia cautivante.
Otra obra capital que realizó Salmona junto a Luís Kopec es el Eje ambiental. Un proyecto de rescate del espacio público emprendido por el alcalde Peñalosa y concluido en el año 2001. Básicamente convierte a la tradicional avenida Jiménez de Quesada (fundador de Santa Fe de Bogotá) en un gran sendero peatonal que acompaña sinuoso, el curso del río San Francisco.

Forma parte del sistema de parques y plazas en una operación urbana empeñada en la habilitación de espacios públicos. Junto con el Transmilenio –sistema masivo de transporte público que suma la nada despreciable cantidad de 114 estaciones y se encuentra en ejecución de ampliaciones del servicio– constituye dos de las más visibles caras de la inversión en CIUDAD que está haciendo el hermano país. Y de ello da cuenta no sólo Bogotá, sino Cartagena y Medellín. Aunque ese es otro cuento.

Pero no he terminado con los libros y su presencia en Bogotá. En el centro histórico y formando parte de un conjunto de edificaciones culturales: Museo Botero, Casa de la Moneda y Museo de Arte del Banco de la República está la nueva sede de la histórica Biblioteca Luís Ángel Arango fundada en 1923; pieza clave del Sistema de Redes de Bibliotecas Nacionales: Bibliored. Plan estatal que ha logrado la inserción social de los sectores menos favorecidos llevando cultura hasta los rincones más conflictivos del país.
La edificación actual data de 1990 y es obra del arquitecto Álvaro Rivera Alape. En sus 44.000 m2 conviven incunables con las más contemporáneas tecnologías digitales. ¡Venga y le digo cómo disfrutan los bogotanos que colman a diario sus salas de lectura superando todas las expectativas de sus promotores!

Pero si esta ciudad tiene 250 calles al norte y 150 al sur. ¿Cuál es el límite geográfico que la divide? le pregunté a Jorge, un taxista paisa que vive en Bogotá desde hace 30 años. –La calle primera, fue su respuesta inmediata. Yo imaginaba un río, al menos un riachuelo que dejó de serlo pero marcó el hito geográfico que la escinde. Nada de eso. En esa calle primera terminaba la ciudad a comienzos del siglo XX y desde allí, ha seguido expandiéndose hasta alcanzar las cotas mencionadas. Su cuadrícula, derivada del trazado que hicieran inicialmente los colonizadores españoles, se mantiene en gran medida con algunos devaneos y no pocas diagonales.Rumbo al sur. Mientras veo pasar los números de las calles en plan descendente –estuve hospedada en la calle 95, rodeada de suaves colinas verdes– van pasando también sectores con un marcado acento extranjero impreso en sus viviendas. Especialmente arquitectura de estilo alemán e inglés. Ambos grupos de inmigrantes poblaron la ciudad a partir de 1882 y dejaron su huella en casas y costumbres. Cuenta María del Pilar –una guía que tiene más de cicerone inteligente e informada que de pastor de un rebaño de turistas despistados– que en épocas de la independencia y aún posteriores, el clima de Bogotá no sólo era considerablemente más frío, sino opacado por una bruma que acompañaba constantemente esa sabana donde los conquistadores, creyeron, nadarían en oro. Quizás cautivados por esta “Londres” suramericana fueron a dar los ingleses con su te y sus maneras. Será por eso que algunos la llamaban Londotá…

Oro, mucho oro, primorosamente catalogado y didácticamente expuesto puede verse en el que sin duda, es uno de los imperdibles de esta ciudad andina, El Museo del Oro. Allí anduvimos recorriendo las regiones y conociendo algo de las etnias que trabajaron ese perseguido metal trocándolo ornamento de caciques y distintivo de chamanes, emulando la fauna adorada por los primeros pobladores del territorio colombiano. Campanas para colgar de las ramas y acompañar al sonido de la lluvia; ranitas para la fertilidad; filigranas que adornaron cuerpo y cara de hombres y mujeres. Todo dispuesto para entender cómo se organizaba la vida antes de que llegara Colón. Hay una sala que durante unos minutos recrea el amanecer y el anochecer acompañados de cantos indígenas.
En un prisma de cristal se encuentra expuesta la más valiosa de las piezas del mueso: La balsa muisca, que fuera hallada en el reciente 1969 por unos campesinos, quienes, después de mucho cavilar, acudieron al cura del pueblo y este les recomendó venderla al Banco Central, custodio de muchos de los tesoros precolombinos. Desde entonces es el promotor de la conservación de este invaluable patrimonio de la Nación.

En fin, una visita ideal para constatar cómo con voluntad y políticas administrativas coherentes, una ciudad que hace poco más de dos décadas representaba un caos casi irremediable, ha dado pasos concretos hacia su consolidación urbana con los tropiezos típicos de estas latitudes, pero con aciertos innegables. Sabemos que el reloj por el que se rigen los trazos urbanos es mucho más lento que el nuestro, se requiere visión y paciencia, además de la mencionada planificación, para empezar a notar los cambios.

Claro que Bogotá no es Colombia ni Venezuela es Caracas, ambas son lupas de virtudes y pecados. Sabana afuera hay problemas tan graves como esa guerra interna que siguen librando. La migración ilegal desde las zonas fronterizas a nuestro país no cesa, pero se respira una vocación de vida civil, una voluntad de salir adelante que va irradiando desde el corazón mismo de la Nueva Granada.

sábado, 2 de enero de 2010

Plaza y luna llenas




Con gran expectativa, amigos muy queridos y vino espumante nos fuimos a la Plaza Altamira a recibir el año 2010. Llevaba varios años sin despedir el año en Caracas, así que no quería perderme la oportunidad de hacerlo en esa fiesta que desde diciembre de 2004, la Alcaldía del Municipio Chacao organiza con eficiencia y alegría para el disfrute de todos los caraqueños.


Llegamos pasadas las 10 y la gente llenaba la plaza y sus alrededores. Alfredo Naranjo y su grupo El Guajeo, prendían la fiesta a ritmo de jazz latino. La lluviecita –que amenazaba desde la tarde con aguarnos la fiesta– estaba cediendo para dejarnos ver la última luna llena del año y, los árboles generosos nos cobijaban entre luces verdes y violetas. Eso , nada del “friíto” típico de estos días decembrinos, apenas una suave brisa se colaba entre las ramas y la música. La verdad es que mientras estaba allí, disfrutando de nuestro delicioso clima, no dejaba de pensar en el frío de los que esperan el año en Times Square, en la Plaza Mayor de Madrid, o al pie de la Torre Eiffel…en fin, Caracas+jazz latino+20°C.

Afortunadamente, este año poco a poco hemos ido ganando la calle para el esparcimiento, venciendo la rutina del encierro de los centros comerciales y el miedo a la i

nseguridad. Primero fue en junio cuando Por el medio de la calle se realizó por tercera vez consecutiva. Después fue Hatillarte, y recientemente el Paseo Los Palos Grandes. Todas éstas, actividades que van revelando el apetito de vida urbana que estamos sintiendo.


Pero esta celebración de la ciudad, este rito anual de recibir lo nuevo con esperanza, de compartir con los amigos y la familia en un espacio urbano ya tiene un lugar establecido en Caracas como en todas las grandes ciudades del mundo, y es una de las plazas más emblemáticas de nuestra ciudad, desde hace tiempo la más concurrida. La que con

voca por igual a los caraqueños del este y del oeste. Esta plaza, corazón de la urbanización Altamira que construyera Luís Roche en 1945, está rodeada de edificios residenciales; algunos de ellos son piezas fundamentales de lo mejor de nuestra arquitectura de los años ’40,’50 y '60 y desde sus balcones, también se festejaba el intercambio de risas, de anécdotas que vienen a cuento a la hora de terminar un ciclo y comenzar otro. Edificio Altamira, remate norte de la Plaza.

Edificio Univers, sobre el lindero este de la Plaza. Fotografía: Odoardo Rodríguez


Entre los bancos y las jardineras jugaban los niños, bailaban los jóvenes y conversaban adultos de todas las edades y clases sociales. Ron, uvas, vino y cotillones, cada quien llevó lo suyo para compartir. Al calor de la salsa de Nelson Arrieta y el Ska de Desorden Público se diluyeron las diferencias. Por cierto, un abrazo especial merece Horacio Blanco, líder vocal de la excelente agrupación de Ska venezolano, a quien la inmovilización del brazo derecho por un accidente ocurrido durante la presentación del grupo en Margarita le impidió tocar la guitarra, pero no bailar ni animar la fiesta. (Pincha aquí para conocer los detalles).


A medida que se acercaban las 12 de la noche, aumentaba la alegría y comenzaban a tronar los primeros fuegos artificiales. El alcalde Emilio Graterón comenzó la cuenta regresiva y al llegar a cero se estrechó un abrazo colectivo. Sus breves palabras dieron cuenta de la voluntad de su gestión por hacer ciudad en los límites establecidos de un municipio que siendo el de menor territorio y población, recibe un gran número de caraqueños que lo transitan a diario. Durante varios minutos el cielo, por fin bastante despejado, fue el telón de fondo de miles de luces de colores que brillaron con el estruendo de los fuegos de artificio.


Una noche, la última de 2009 que se llevó las penas y abrió las puertas de la esperanza a un país que está ávido de justicia, PAZ y progreso.


Y para que nadie gane glorias con escapulario ajeno, especialmente, para no ahondar en las confusiones que a veces tienen quienes me alegran y me honran con la lectura de estas bitácoras urbanas fuera de Venezuela, es indispensable decir que esta fiesta la organiza una gestión administrativa opuesta al gobierno central; que durante los últimos 9 años ha apostado –con más aciertos que errores– en hacer de un sector de Caracas, un territorio para la vida civil, para el respeto por el entorno del ciudadano.


Termino cayendo en un lugar que por común no deja de ser verdadero: deseándoles PAZ, mucha paz en este año recién estrenado.


jueves, 24 de diciembre de 2009

NAVIDAD EN CARACAS

Queridos lectores. Hoy es Navidad y nuestro humilde presente a esta ciudad que nos da tanto, y recibe tan poco, son estas fotos que reflejan desde distintos puntos de vista -poético, irónico, divertido, arquitectónico y descarnado- las distintas formas de expresarse con los típicos íconos navideños. Fotografía: BLANCA STREPPONI. Lugar: Arbolito de la Plaza Altamira, detrás el Hotel Palace.

Fotografía: FRANCISCO PEREIRA. Al slogan que para esta Navidad creó la Alcaldía de Chacao, "En esta Navidad la luz eres tú" (aludiendo al forzoso racionamiento eléctrico al que nos tiene sometidos el gobierno central), se suma un exhorto que la misma alcaldía hace para notificar la falla del poste de alumbrado público "Si este poste no alumbra repórtalo a la Electricidad de Caracas"...

Fotografía: OLGA FUCHS. Ya un clásico de nuestra Navidad en Caracas. Fotografía: OLGA FUCHS. Sin comentarios... Fotografía: MITCHELE VIDAL. "Vitrales" Especialmente diseñados para llevar la Navidad al Centro Comercial Millenium.
Fotografía: Érika Ordosgoitti...Hoy NO hay Navidad
"... S, en Puente Hierro, una cristalería. La gente de la cristalería se vacila una..."
Fotografía y texto: Érika Ordosgoitti

miércoles, 23 de diciembre de 2009

CIELO NAVIDEÑO

Como si fuera poco el clima amable que tenemos durante todo el año (aunque no escapamos de los cambios climáticos mundiales) diciembre nos regala un cielo espléndido, pletórico de luz a los que vivimos en Caracas. Lo que sigue es una secuencia de hermosas fotografías tomadas por ODOARDO RODRÍGUEZ durante una, de las muchas trancas también habituales de nuestra ciudad. Su visión contratante de azul intenso y remates de edificios emblemáticos de nuestra ciudad. Abajo copio las líneas que me escribió para acompañarlas.

"Mi querida Mitchele, te anexo unas fotografías de este MARAVILLOSO CIELO NAVIDEÑO que nos hace más leves las trancas de diciembre. Esta secuencia de REMATES AL CIELO la hice en el trayecto de Santa Rosalía a San Pedro, el cual me tomó 21 minutos. Como verás, los remates son de tres Iglesias: Santa Rosalia, San Agustin y San Pedro. Siguen dos íconos de la eterna desidia oficial el edificio del Seguro Social y El Helicoide y una nostalgica de aquellos años '50 en la Av. Victoria."





domingo, 13 de diciembre de 2009

MERCADOS DEL GUSTO


En Caracas siempre se ha comido rico. Lo afirman no sólo los caraqueños que comen fuera con frecuencia sino los que viniendo de otras ciudades, incluso más grandes y más cosmopolitas aseguran que aquí tenemos una gran variedad de lugares donde disfrutar de la buena mesa. La oferta gastronómica local ha crecido en restaurantes y cafés pero también en franquicias de origen venezolano. A todo esto hay que sumarle las propuestas de pequeños cocineros, reposteros y recreadores del sabor venezolano que hacen maravillas fusionando lo local con lo importado. Perfecto maridaje entre criollo y foráneo, un reflejo gastronómico del crisol que somos.

A pesar de la crisis política, social y económica en la que estamos inmersos desde hace demasiado tiempo -o precisamente por eso- ha crecido una imparable ola de diseño lúdico e inteligente que se desborda en mercados llenos de objetos utilitarios y artísticos, que no cree en camisas de fuerza ni corsés asfixiantes. Y esa ola creativa inundó a los cocineros. No podía ser de otra manera. Que la torta negra, las trufas y las polvorosas encontraran envases primorosos, era sólo cuestión de tiempo. Que el tradicional dulce de lechosa se convirtiera en delicada serpentina era inevitable. Que el mejor cacao del mundo se perfumara con cilantro y tocineta era absolutamente necesario.

Así que quiso el azar –o las festividades navideñas– que coincidieran en nuestra ciudad el mismo día, dos mercados dedicados al sublime placer de comer delicioso y a la vez adquirir todas esas delicateses preparadas con esmero para ofrecer a los que más queremos. Porque cocinar es un acto de amor y regalar galletas perfumadas de clavo y canela; quesos de cabra y especias o trufas de mandarina es regalar amor.

Cómeme, Mercado del gusto. Una iniciativa de Paola Bertorelli y Lorna Hevia que tuvo desde sus inicios el apoyo del reconocido chef Carlos García (Restaurant Alto, Los Palos Grandes).

Sobre la grama de la misma casa amable de La Castellana que vio nacer el primero de los mercados de diseño de Caracas, -el célebre Guayoyo- se sirvieron refrescantes sorbetes de frutas frescas en tinita de vibrantes colores cítricos. Pasapalos de frutos del mar, caviar de berenjenas, quiches y empanaditas chilenas, todo regado con jugo de parchita espirituosa y helada. Los ponqués decorados por Dushidesign merecen mención especial; tal es la hermosura multicolor en que convierten un sencillo ponqué. O las trufas de chocolate y parchita de Karina Pugh ¡Ni hablar de los picantes! Auténtico trabajo de antropología culinaria realizado para difundir nuestras recetas ancestrales. Ayer fue un día donde la conversación entre amigos se hizo al calor no de una, sino de varias mesas dispuestas para ello.

Delicarte. En uno de los Galpones de Los Chorros se congregó una buena cantidad de creativos de los sabores para ofrecer té, ensaladas, vinagretas, mascarponi de colores alucinantes; galletas de avena chispeadas de canela, y de mantequilla con lunares de chocolate; suaves y aromáticos quesos de cabra; bocconcini en aceite de oliva, albahaca y tomate seco, ¡Ummm!! Terrines de pavo, jamón cocido, cremitas de aceituna y berenjena sobre mini tortas de casabe y los infaltables tequeños… Para acompañar, vinos de la casa Pomar, agua de burbujas chispeantes y cerveza helada.

¡Lo dije y lo sostengo en Caracas se come muy rico! En Imágenes urbanas esperamos que esta sea apenas la primera de muchas convocatorias para disfrutar de nuestros sabores.

HÉCTOR ABAD FACIOLINCE



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“Mi papá siempre pensó,
y yo le creo y lo imito,
que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo.”

EL OLVIDO QUE SEREMOS.
Editorial Planeta 2006

De todas las frases que encontré subrayadas en mi ejemplar autografiado por el autor de “El olvido que seremos” me quedé con la que uso como epígrafe de esta crónica. Como esto es un blog, o sea, una bitácora personal, puedo decir sin pudor que me identifico con ella y la ejerzo con terquedad. Incluso ahora que mi exceso de mimos se enfrenta, estoicamente, al muro de concreto de una adolescente.

Pero volvamos al libro. Recorrí apenas sus páginas con el fin de acentuar el dulce recuerdo que tengo de ellas tres años después de haberlas leído. No fue fácil, porque ese libro es la crónica minuciosa, entrañable de una familia que vive las angustias y alegrías de muchas familias pero sumida en la realidad de un país en guerra, así que me detuve una y otra vez en algunas de ellas. Una crónica escrita por un hombre sensible, único varón que creció rodeado de seis hermanas, madre, abuelas y un padre hiperbólicamente cariñoso. Un padre proveedor de afecto, conocimientos, paciencia y comprensión a raudales. Un padre guía, referencia de incuestionable honestidad que murió asesinado por la vileza y la intolerancia. Y un hijo que conjura su angustia por la falta de memoria –según él– recreando anécdotas familiares gracias a la memoria que le prestan sus hermanas.
Todo esto viene a cuento porque ayer estuvo en Kalathos –la hermosísima librería recién estrenada en Los Galpones de Los Chorros– Héctor Abad Faciolince, escritor colombiano nacido en Medellín el año ’58 pero ciudadano del mundo. Viajero incansable, lector voraz, articulista de El Espectador, conversador sincero. Un escritor, que como dijera una vez Rafael Osío Cabrices, posee la rara virtud de juntar en el mismo bando la crítica literaria y el tin tin incesante de la caja registradora, porque sus libros son éxito seguro en ventas y en loas de los opinadores literarios. No es poca cosa.

La concurrencia, en su gran mayoría era femenina. Y cómo. Un autor que sobrevivió al rechazo reiterado de 9 editoriales para su “Tratado de culinaria para mujeres tristes” y que, finalmente, lo vio salir de la imprenta gracias a los favores de una mujer amada, definitivamente, sabe hablarle a las mujeres. Un hombre que derrama sensibilidad en cada palabra, en cada gesto amable, en cada guiño auténtico tiene ganada la fanaticada femenina.

El escritor y editor Antonio López Ortega nos llevó en un paseo breve por la obra de Héctor Abad Faciolince, y fue breve no porque su obra lo sea, sino porque –lamentablemente– hay muy pocos títulos de Héctor en las librerías venezolanas. Podemos encontrar “Angosta”, la parábola ficcional de una ciudad escindida en el límite de la locura colectiva y devorada por el rechazo al “distinto”, donde se mueven personajes inolvidables que luchan por sobrevivir a la hostilidad reinante. María Ángeles Octavio, en primera fila, acotó que esta novela fue traducida al chino y publicada con sobrado éxito en el país-continente. Como todo lo que se hace en China fueron 10.000 los ejemplares que se imprimieron. “Más que en Colombia”, –se ríe Héctor.
Fotografía de JairoB: http://www.flickr.com/photos/jairob/4087874700/in/set-72157622639455515/

Quedan en Kalathos algunos ejemplares de “Oriente empieza en El Cairo”. Una crónica-relato (no es fácil, ni es la idea etiquetar los géneros a los que pertenecen los libros, sólo lo hago para arrojar un poquito de luz a los interesados) que escribió luego de dos meses de estadía en la antigua ciudad de los faraones. Donde el protagonista viaja acompañado de dos esposas tan distintas como antagónicas.

Para acceder a los otros textos que ha escrito Abad Faciolince: “El Tratado de culinaria para mujeres tristes” (1996), “Asuntos de un hidalgo disoluto” (1994), “Fragmentos de amor furtivo” (1998) y “Basura” (2000), además de un libro de cuentos, “Malos pensamientos” (1991), su diccionario personal “Palabras sueltas” (2002) y sus dos últimos títulos recién publicados en el vecino país, hay que acudir a los menguados dólares de CADIVI o irse a Colombia y traérselos en la maleta. Pero valdrá la pena. No hace falta ser mujer, ni estar triste.

Librería KALTHOS: Centro de Arte Los Galpones, 8a. transversal de Los Chorros.

VIÑA DEL MAR

VIÑA DEL MAR

Cuando vi saltar las olas sobre la balaustrada del malecón bañando el asfalto  pensé: El Pacífico como que no lo es tanto. Tiene su car...