domingo, 14 de febrero de 2010
Foto reportaje
domingo, 17 de enero de 2010
BOGOTÁ, 2.600 metros más cerca de las estrellas.
Quedó limpia la ciudad.
Leidy Camila Contreras (6 años)
(Cuento de una de las ganadoras del concurso convocado por la Secretaría Distrital de Ambiente y Bibliored, para que los niños bogotanos escribieran su visión particular de la ciudad.)
Estuve allí hace 9 años en vuelo rasante; precisamente, en pleno período del gobierno municipal de Enrique Peñalosa Londoño quien sentó importantes precedentes de renovación urbana en una gestión creativa y exitosa que siguieron sus compatriotas Antanas Mockus, Luís Eduardo Garzón y que continúa en la actualidad Samuel Moreno.
El cambio positivo se percibe a simple vista. Se hace más evidente mientras me acerco, la recorro, la voy re-descubriendo amplia, limpia, amable. Y digo amable con plena consciencia de lo que significa ver apostados en cada esquina varios oficiales armados. De lo que impacta tener que abrir la cartera cuando accedes a un centro comercial, a un museo, a un banco. De lo que golpea ver a cada chofer bajarse de su carro para abrir la maleta antes de entrar a un estacionamiento.
Recorrer el barrio La Candelaria cuyo corazón es la Plaza de Bolívar, supone un paseo por diversos estilos arquitectónicos que reflejan bien las diferentes épocas en las que fueron construidos. La que fuera plaza mayor del mercado en tiempos coloniales ha sufrido con el transcurrir del tiempo no pocas modificaciones. Desde 1946 ostenta en su centro una pequeña estatua de El Libertador obra del escultor genovés Pietro Tenerani y es un espacio público de exclusivo uso peatonal. Entre los fotógrafos que encontré allí, estaba una viejita armada con una pequeña cámara digital. Su ayudante, un niño, corría con la tarjeta de memoria hasta el sitio donde lo esperaba una impresora y regresaba, a toda velocidad, a entregarte la foto a full color.
Al sur se alza una mole estilo neoclásico en piedra amarilla, es el edificio del Congreso. Su construcción tomó largos 80 años debido a múltiples razones de índole político. Sobre el occidente se encuentra el Palacio Lievano en estilo renacentista francés obra del arquitecto Gastón Lelarge y desde allí, despacha actualmente el alcalde mayor de la ciudad.
Siguen varias calles rodeadas de casas de estilo colonial y republicano, aquí y allá se asoma una más reciente. Balcones de madera, rejas de hierro forjado, colores contrastantes, ventanas y poyos evocadores de tiempos a caballo. Me llamó la atención la casona donde se hospedaba Bolívar una de las veces que estuvo a punto de sufrir un atentado y desde donde fue “empujado”, para su salvación, por la fiel Manuelita. La placa en la fachada no deja dudas para los que leen latín.
Esta casona que fuera construida para agasajar a la esposa del Virrey Antonio Amar y Borbón, después de la independencia fue adquirida por el gobierno de la Nueva Granada y obsequiada al “dios de Colombia”, según rezaba una inscripción en el comedor. Hoy, es un museo que exhibe el mobiliario y evoca las actividades, bailes, juegos y tertulias con las que se solazaba Bolívar entre intensos viajes y vehemencia política.
De libros y bibliotecas públicas Bogotá tiene un saco. No es inmerecido que fuera denominada por la UNESCO capital mundial del libro en 2007. Así que me encaminé a la Librería del Fondo de cultura económica ubicada en el Centro Cultural García Márquez, obra del reconocidísimo arquitecto colombiano Rogelio Salmona. Sus 9.000 m2 albergan cine, cafetería, restaurant, galería de arte y un espacio especialmente dedicado a los locos bajitos. El geométrico recorrido del agua bordeando pavimentos de ladrillo –típico del lenguaje de Salmona– está presente en este templo de las letras donde pueden encontrarse más de 50.000 títulos.
Pero así como el centro cultural se alza en pleno casco histórico y en mi humilde opinión avasalla el entorno urbano, la biblioteca Virgilio Barco en el corazón geográfico de la ciudad, contigua a la enorme mancha verde del Parque Simón Bolívar, ofrece al visitante un solaz, una paz donde se funden el adentro y el afuera.
En esta edificación el ladrillo trepa paredes, cubre pavimentos, recorre caminerías, borda muros, abre vacíos geométricos como sólo un maestro en el uso de este noble material puede hacerlo. Sus amplios espacios sirven tanto a quien va a perderse entre las páginas de un libro como a quien busca, fuera de sus muros la calma de los senderos verdes rodeados del agua que cae, divertida en lúdicos niveles.
No es fácil acatar las normas que invitan a los asistentes a usar las veredas permitidas. A cada rato surge un niño, un adolescente, con alguna frecuencia un adulto, que se balancea sobre los mínimos bordes de concreto esquivando humedades. La edificación parece levitar sobre el espejo de agua que la circunda como se suspende la vida del lector absorto en una historia cautivante.
Otra obra capital que realizó Salmona junto a Luís Kopec es el Eje ambiental. Un proyecto de rescate del espacio público emprendido por el alcalde Peñalosa y concluido en el año 2001. Básicamente convierte a la tradicional avenida Jiménez de Quesada (fundador de Santa Fe de Bogotá) en un gran sendero peatonal que acompaña sinuoso, el curso del río San Francisco.
Forma parte del sistema de parques y plazas en una operación urbana empeñada en la habilitación de espacios públicos. Junto con el Transmilenio –sistema masivo de transporte público que suma la nada despreciable cantidad de 114 estaciones y se encuentra en ejecución de ampliaciones del servicio– constituye dos de las más visibles caras de la inversión en CIUDAD que está haciendo el hermano país. Y de ello da cuenta no sólo Bogotá, sino Cartagena y Medellín. Aunque ese es otro cuento.
Pero no he terminado con los libros y su presencia en Bogotá. En el centro histórico y formando parte de un conjunto de edificaciones culturales: Museo Botero, Casa de la Moneda y Museo de Arte del Banco de la República está la nueva sede de la histórica Biblioteca Luís Ángel Arango fundada en 1923; pieza clave del Sistema de Redes de Bibliotecas Nacionales: Bibliored. Plan estatal que ha logrado la inserción social de los sectores menos favorecidos llevando cultura hasta los rincones más conflictivos del país.
Pero si esta ciudad tiene 250 calles al norte y 150 al sur. ¿Cuál es el límite geográfico que la divide? le pregunté a Jorge, un taxista paisa que vive en Bogotá desde hace 30 años. –La calle primera, fue su respuesta inmediata. Yo imaginaba un río, al menos un riachuelo que dejó de serlo pero marcó el hito geográfico que la escinde. Nada de eso. En esa calle primera terminaba la ciudad a comienzos del siglo XX y desde allí, ha seguido expandiéndose hasta alcanzar las cotas mencionadas. Su cuadrícula, derivada del trazado que hicieran inicialmente los colonizadores españoles, se mantiene en gran medida con algunos devaneos y no pocas diagonales.
Oro, mucho oro, primorosamente catalogado y didácticamente expuesto puede verse en el que sin duda, es uno de los imperdibles de esta ciudad andina, El Museo del Oro. Allí anduvimos recorriendo las regiones y conociendo algo de las etnias que trabajaron ese perseguido metal trocándolo ornamento de caciques y distintivo de chamanes, emulando la fauna adorada por los primeros pobladores del territorio colombiano. Campanas para colgar de las ramas y acompañar al sonido de la lluvia; ranitas para la fertilidad; filigranas que adornaron cuerpo y cara de hombres y mujeres. Todo dispuesto para entender cómo se organizaba la vida antes de que llegara Colón. Hay una sala que durante unos minutos recrea el amanecer y el anochecer acompañados de cantos indígenas.
En fin, una visita ideal para constatar cómo con voluntad y políticas administrativas coherentes, una ciudad que hace poco más de dos décadas representaba un caos casi irremediable, ha dado pasos concretos hacia su consolidación urbana con los tropiezos típicos de estas latitudes, pero con aciertos innegables. Sabemos que el reloj por el que se rigen los trazos urbanos es mucho más lento que el nuestro, se requiere visión y paciencia, además de la mencionada planificación, para empezar a notar los cambios.
Claro que Bogotá no es Colombia ni Venezuela es Caracas, ambas son lupas de virtudes y pecados. Sabana afuera hay problemas tan graves como esa guerra interna que siguen librando. La migración ilegal desde las zonas fronterizas a nuestro país no cesa, pero se respira una vocación de vida civil, una voluntad de salir adelante que va irradiando desde el corazón mismo de la Nueva Granada.
sábado, 2 de enero de 2010
Plaza y luna llenas
Con gran expectativa, amigos muy queridos y vino espumante nos fuimos a
Llegamos pasadas las 10 y la gente llenaba la plaza y sus alrededores. Alfredo Naranjo y su grupo El Guajeo, prendían la fiesta a ritmo de jazz latino. La lluviecita –que amenazaba desde la tarde con aguarnos la fiesta– estaba cediendo para dejarnos ver la última luna llena del año y, los árboles generosos nos cobijaban entre luces verdes y violetas. Eso sí, nada del “friíto” típico de estos días decembrinos, apenas una suave brisa se colaba entre las ramas y la música. La verdad es que mientras estaba allí, disfrutando de nuestro delicioso clima, no dejaba de pensar en el frío de los que esperan el año en Times Square, en
Afortunadamente, este año poco a poco hemos ido ganando la calle para el esparcimiento, venciendo la rutina del encierro de los centros comerciales y el miedo a la i
nseguridad. Primero fue en junio cuando Por el medio de la calle se realizó por tercera vez consecutiva. Después fue Hatillarte, y recientemente el Paseo Los Palos Grandes. Todas éstas, actividades que van revelando el apetito de vida urbana que estamos sintiendo.
Pero esta celebración de la ciudad, este rito anual de recibir lo nuevo con esperanza, de compartir con los amigos y la familia en un espacio urbano ya tiene un lugar establecido en Caracas como en todas las grandes ciudades del mundo, y es una de las plazas más emblemáticas de nuestra ciudad, desde hace tiempo la más concurrida. La que con
voca por igual a los caraqueños del este y del oeste. Esta plaza, corazón de la urbanización Altamira que construyera Luís Roche en 1945, está rodeada de edificios residenciales; algunos de ellos son piezas fundamentales de lo mejor de nuestra arquitectura de los años ’40,’50 y '60 y desde sus balcones, también se festejaba el intercambio de risas, de anécdotas que vienen a cuento a la hora de terminar un ciclo y comenzar otro. Edificio Altamira, remate norte de la Plaza.
Edificio Univers, sobre el lindero este de la Plaza. Fotografía: Odoardo Rodríguez
Entre los bancos y las jardineras jugaban los niños, bailaban los jóvenes y conversaban adultos de todas las edades y clases sociales. Ron, uvas, vino y cotillones, cada quien llevó lo suyo para compartir. Al calor de la salsa de Nelson Arrieta y el Ska de Desorden Público se diluyeron las diferencias. Por cierto, un abrazo especial merece Horacio Blanco, líder vocal de la excelente agrupación de Ska venezolano, a quien la inmovilización del brazo derecho por un accidente ocurrido durante la presentación del grupo en Margarita le impidió tocar la guitarra, pero no bailar ni animar la fiesta.
(Pincha aquí para conocer los detalles).
A medida que se acercaban las 12 de la noche, aumentaba la alegría y comenzaban a tronar los primeros fuegos artificiales. El alcalde Emilio Graterón comenzó la cuenta regresiva y al llegar a cero se estrechó un abrazo colectivo. Sus breves palabras dieron cuenta de la voluntad de su gestión por hacer ciudad en los límites establecidos de un municipio que siendo el de menor territorio y población, recibe un gran número de caraqueños que lo transitan a diario. Durante varios minutos el cielo, por fin bastante despejado, fue el telón de fondo de miles de luces de colores que brillaron con el estruendo de los fuegos de artificio.
Una noche, la última de 2009 que se llevó las penas y abrió las puertas de la esperanza a un país que está ávido de justicia, PAZ y progreso.
Y para que nadie gane glorias con escapulario ajeno, especialmente, para no ahondar en las confusiones que a veces tienen quienes me alegran y me honran con la lectura de estas bitácoras urbanas fuera de Venezuela, es indispensable decir que esta fiesta la organiza una gestión administrativa opuesta al gobierno central; que durante los últimos 9 años ha apostado –con más aciertos que errores– en hacer de un sector de Caracas, un territorio para la vida civil, para el respeto por el entorno del ciudadano.
Termino cayendo en un lugar que por común no deja de ser verdadero: deseándoles PAZ, mucha paz en este año recién estrenado.
jueves, 24 de diciembre de 2009
NAVIDAD EN CARACAS
Fotografía: Érika Ordosgoitti...Hoy NO hay NavidadFotografía y texto: Érika Ordosgoitti
miércoles, 23 de diciembre de 2009
CIELO NAVIDEÑO
"Mi querida Mitchele, te anexo unas fotografías de este MARAVILLOSO CIELO NAVIDEÑO que nos hace más leves las trancas de diciembre. Esta secuencia de REMATES AL CIELO la hice en el trayecto de Santa Rosalía a San Pedro, el cual me tomó 21 minutos. Como verás, los remates son de tres Iglesias: Santa Rosalia, San Agustin y San Pedro. Siguen dos íconos de la eterna desidia oficial el edificio del Seguro Social y El Helicoide y una nostalgica de aquellos años '50 en la Av. Victoria."
domingo, 13 de diciembre de 2009
MERCADOS DEL GUSTO
A pesar de la crisis política, social y económica en la que estamos inmersos desde hace demasiado tiempo -o precisamente por eso- ha crecido una imparable ola de diseño lúdico e inteligente que se desborda en mercados llenos de objetos utilitarios y artísticos, que no cree en camisas de fuerza ni corsés asfixiantes. Y esa ola creativa inundó a los cocineros. No podía ser de otra manera. Que la torta negra, las trufas y las polvorosas encontraran envases primorosos, era sólo cuestión de tiempo. Que el tradicional dulce de lechosa se convirtiera en delicada serpentina era inevitable. Que el mejor cacao del mundo se perfumara con cilantro y tocineta era absolutamente necesario.
Así que quiso el azar –o las festividades navideñas– que coincidieran en nuestra ciudad el mismo día, dos mercados dedicados al sublime placer de comer delicioso y a la vez adquirir todas esas delicateses preparadas con esmero para ofrecer a los que más queremos. Porque cocinar es un acto de amor y regalar galletas perfumadas de clavo y canela; quesos de cabra y especias o trufas de mandarina es regalar amor.
Cómeme, Mercado del gusto. Una iniciativa de Paola Bertorelli y Lorna Hevia que tuvo desde sus inicios el apoyo del reconocido chef Carlos García (Restaurant Alto, Los Palos Grandes).
Sobre la grama de la misma casa amable de Pasapalos de frutos del mar, caviar de berenjenas, quiches y empanaditas chilenas, todo regado con jugo de parchita espirituosa y helada. Los ponqués decorados por Dushidesign merecen mención especial; tal es la hermosura multicolor en que convierten un sencillo ponqué. O las trufas de chocolate y parchita de Karina Pugh ¡Ni hablar de los picantes! Auténtico trabajo de antropología culinaria realizado para difundir nuestras recetas ancestrales. Ayer fue un día donde la conversación entre amigos se hizo al calor no de una, sino de varias mesas dispuestas para ello.
Delicarte. En uno de los Galpones de Los Chorros se congregó una buena cantidad de creativos de los sabores para ofrecer té, ensaladas, vinagretas, mascarponi de colores alucinantes; galletas de avena chispeadas de canela, y de mantequilla con lunares de chocolate; suaves y aromáticos quesos de cabra; bocconcini en aceite de oliva, albahaca y tomate seco, ¡Ummm!! Terrines de pavo, jamón cocido, cremitas de aceituna y berenjena sobre mini tortas de casabe y los infaltables tequeños… Para acompañar, vinos de la casa Pomar, agua de burbujas chispeantes y cerveza helada.
¡Lo dije y lo sostengo en Caracas se come muy rico! En Imágenes urbanas esperamos que esta sea apenas la primera de muchas convocatorias para disfrutar de nuestros sabores.
HÉCTOR ABAD FACIOLINCE
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